Armenia acudirá a las urnas este 7 de junio en unas elecciones parlamentarias que podrían redefinir el futuro político y geopolítico del país. El primer ministro Nikol Pashinyan busca renovar su mandato en medio de una campaña marcada por la presión económica de Rusia, la controversia por la pérdida de Nagorno Karabaj y el debate sobre una eventual integración europea.
La votación se desarrolla en un contexto especialmente sensible para la república caucásica de tres millones de habitantes, situada entre Europa y Asia y tradicionalmente vinculada a Moscú. Aunque Armenia ha mantenido durante décadas estrechas relaciones económicas y de seguridad con Rusia, el gobierno de Pashinyan ha impulsado en los últimos años una estrategia orientada a diversificar alianzas y fortalecer los vínculos con Occidente.
Desde que llegó al poder tras la llamada ”Revolución de Terciopelo” en 2018, Pashinyan ha promovido reformas políticas y una reorientación gradual de la política exterior armenia. Su gobierno aprobó una ley destinada a iniciar el proceso de acercamiento institucional a la Unión Europea y ha fortalecido la cooperación con Estados Unidos y varios países europeos.

Uno de los pilares de esa estrategia ha sido la búsqueda de un acuerdo de paz definitivo con Azerbaiyán, país con el que Armenia mantiene una larga disputa territorial por Nagorno Karabaj. Gracias a la mediación estadounidense, ambas partes han logrado avances significativos en las negociaciones, aunque todavía persisten numerosos desacuerdos.
El acercamiento a Occidente se hizo particularmente visible este año cuando Ereván recibió a importantes líderes europeos y al presidente ucraniano Volodímir Zelenski durante una cumbre internacional celebrada en la capital armenia.
Sin embargo, mientras la imagen internacional del primer ministro se ha fortalecido, su respaldo interno se ha debilitado considerablemente. Las encuestas muestran una caída sostenida de su popularidad desde las elecciones de 2021, cuando obtuvo una amplia victoria, hasta los niveles actuales, cercanos al 30%.

La principal causa de ese desgaste político continúa siendo la cuestión de Nagorno Karabaj. La región, reconocida internacionalmente como parte de Azerbaiyán pero históricamente habitada por una mayoría cristiana armenia, fue recuperada por Bakú mediante una ofensiva militar en 2023. La operación provocó el desplazamiento masivo de más de 100.000 armenios y generó una profunda crisis política en Armenia.
Muchos ciudadanos consideran que el gobierno de Pashinyan hizo demasiadas concesiones a Azerbaiyán y no actuó con suficiente firmeza para proteger a la población armenia de la región. Las críticas también se han intensificado por la situación de antiguos dirigentes de Nagorno Karabaj que permanecen encarcelados en Azerbaiyán.
El acuerdo de paz promovido por el gobierno tampoco genera consenso. Diversos sondeos muestran una sociedad prácticamente dividida entre quienes consideran necesario cerrar definitivamente el conflicto y quienes creen que las concesiones realizadas ponen en riesgo los intereses nacionales.

La oposición llega a las elecciones fragmentada, aunque unida por su rechazo a la estrategia de Pashinyan. Entre sus principales referentes figuran los expresidentes Robert Kocharyan y Serzh Sargsyan, quienes gobernaron el país antes de 2018 y mantienen una visión más favorable a una estrecha cooperación con Rusia.
Ambos dirigentes sostienen que Armenia no puede garantizar su seguridad sin el respaldo militar de Moscú y critican el progresivo alejamiento impulsado por el actual gobierno. A su juicio, la estabilidad regional exige reconstruir la alianza estratégica tradicional con el Kremlin.
Otro actor relevante en la campaña es el empresario Samvel Karapetyan, multimillonario con importantes negocios en Rusia. Aunque se encuentra bajo arresto domiciliario acusado de participar en una presunta conspiración contra el gobierno, continúa influyendo en la contienda a través de representantes de su entorno político.
Las encuestas sitúan al partido gobernante Contrato Civil como la fuerza más votada, con alrededor del 32% de intención de voto. Sin embargo, los estudios también reflejan un elevado nivel de desconfianza ciudadana hacia toda la clase política, ya que cerca del 40% de los electores afirma no confiar en ningún dirigente.

Mientras tanto, la sombra de Rusia domina gran parte del debate electoral. En las semanas previas a la votación, Moscú adoptó diversas restricciones comerciales que afectan a productos armenios como flores, agua mineral, coñac, frutas y verduras. Las medidas fueron interpretadas por numerosos analistas como una forma de presión económica sobre el gobierno de Ereván.
La influencia rusa sigue siendo considerable. Rusia representa más de un tercio del comercio exterior armenio y continúa suministrando gas a precios muy inferiores a los vigentes en los mercados europeos. Además, Armenia sigue siendo miembro de la Unión Económica Euroasiática, liderada por Moscú.
El presidente ruso, Vladímir Putin, advirtió recientemente sobre los riesgos económicos que implicaría para Armenia profundizar su acercamiento a la Unión Europea. Al mismo tiempo, instó a las autoridades armenias a definir claramente su orientación estratégica mediante un eventual referéndum sobre la integración europea.
el acercamiento a la Unión Europea, dado a que el país del Cáucaso aún mantiene una fuerte dependencia de Moscú ” data-photo-id=”1410770″ data-original-filename=”Putin_aRMENIA_3d8de9ca49d4.webp”>Frente a esas presiones, Bruselas ha reforzado su apoyo a Ereván. La presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció esta semana un paquete de ayuda de 50 millones de euros destinado a compensar parte del impacto económico de las restricciones rusas y facilitar el acceso de productos armenios al mercado comunitario.
La campaña también ha estado marcada por episodios de tensión entre el gobierno y algunos sectores críticos, especialmente representantes de los armenios desplazados de Nagorno Karabaj. La oposición acusa al Ejecutivo de utilizar recursos estatales para favorecer su campaña y de adoptar actitudes cada vez más autoritarias.
Con el país dividido entre quienes respaldan una mayor integración con Europa y quienes prefieren mantener la alianza tradicional con Rusia, las elecciones del 7 de junio serán decisivas para definir el rumbo político de Armenia en los próximos años. Más allá de la disputa entre candidatos, los votantes deberán decidir qué modelo de seguridad, desarrollo económico y relaciones internacionales desean para el futuro de su país.

