Burkina Faso rompió oficialmente sus relaciones diplomáticas con Francia, profundizando el distanciamiento con la antigua potencia colonial y consumando años de crecientes tensiones políticas, militares y diplomáticas entre ambos países. La decisión fue anunciada por la junta militar que gobierna la nación africana y entró en vigor de manera inmediata, en un nuevo episodio del cambio de alianzas que atraviesa la región del Sahel.
El régimen burkinés comunicó el viernes la ruptura de vínculos con París, al que acusó de mantener ”ambiciones neo-coloniales” y de brindar apoyo a ”redes subversivas y terroristas”. Aunque las autoridades no presentaron pruebas para respaldar esas acusaciones, sostuvieron que Francia ha interferido reiteradamente en los asuntos internos del país y que ya no existen las condiciones para mantener una relación diplomática basada en el respeto mutuo.
En un comunicado oficial, el ministro de Comunicación, Pingdwende Gilbert Ouedraogo, afirmó que ”las condiciones esenciales para desarrollar relaciones fundadas en el respeto recíproco, la confianza mutua, la no injerencia en los asuntos internos y el respeto por la soberanía nacional ya no se cumplen”. Por ese motivo, explicó, el Gobierno decidió poner fin de forma inmediata a las relaciones diplomáticas con Francia.

La respuesta de París llegó pocas horas después. El Ministerio de Asuntos Exteriores francés lamentó la decisión y la calificó como ”hostil e infundada”. Además, aseguró que el anuncio refleja ”la preocupante deriva de las autoridades burkinesas” y confirmó que estudia la adopción de medidas recíprocas frente a la ruptura diplomática.
El portavoz del Ministerio francés, Pascal Confavreux, señaló que el Gobierno está evaluando cuáles serán los próximos pasos y, al mismo tiempo, recomendó a los ciudadanos franceses que permanecen en Burkina Faso extremar las medidas de precaución mientras continúa el seguimiento de la situación sobre el terreno.
Por ahora no está claro cómo afectará la decisión al funcionamiento de la embajada francesa en Uagadugú ni qué consecuencias tendrá para la cooperación bilateral que aún permanecía vigente entre ambos países.
La ruptura representa el punto culminante de un deterioro que comenzó tras el golpe de Estado de 2022, cuando una junta militar tomó el poder con la promesa de restaurar la seguridad frente al avance de los grupos yihadistas que operan en el Sahel.

Desde entonces, las relaciones con Francia se deterioraron de manera constante. En 2023, las autoridades militares solicitaron la salida del embajador francés y declararon persona non grata al coordinador residente y humanitario de Naciones Unidas. Posteriormente, en 2024, expulsaron a tres diplomáticos franceses bajo acusaciones de realizar actividades consideradas subversivas.
El vínculo también se rompió en el plano militar. Francia había sido durante años el principal aliado de Burkina Faso en la lucha contra las organizaciones extremistas vinculadas con Al Qaeda y el Estado Islámico, desplegando cientos de soldados dentro de las operaciones anti-terroristas en la región.
Sin embargo, tras la llegada de la junta al poder, el nuevo Gobierno ordenó la retirada de las tropas francesas y comenzó a impulsar una política exterior orientada a reducir la influencia de la antigua metrópoli sobre los asuntos internos del país.
Burkina Faso, con una población cercana a los 23 millones de habitantes, enfrenta desde hace más de una década una grave crisis de seguridad. Los ataques de grupos extremistas han provocado miles de muertos y millones de desplazados tanto dentro del país como en otros Estados vecinos del Sahel, considerada actualmente la región más afectada por el terrorismo en el mundo.

