El desafío del movimiento sin progreso en las organizaciones
En muchas organizaciones, se tiende a valorar la velocidad, la intensidad y la capacidad de ejecutar como indicadores de éxito. Sin embargo, la verdadera pregunta que define a los equipos de alto impacto es si todo ese movimiento se traduce en avance real.
Es común encontrarse con organizaciones sofisticadas, llenas de talento y recursos, que se ven atrapadas en su propia maquinaria debido a la falta de dirección y priorización. La cultura de la hiperproducción ha llevado a la creencia errónea de que hacer más es avanzar más, cuando en realidad, la velocidad sin criterio solo conduce a llegar más rápido al lugar equivocado.
El exceso de iniciativas como síntoma
Cuando un equipo acumula una gran cantidad de objetivos, programas, tableros y cronogramas, en lugar de avanzar, lo que se genera es ruido. Esto se traduce en reuniones interminables, KPIs que cambian constantemente y una sensación de fatiga de planificación en la organización.
El liderazgo estratégico no se mide por la cantidad de frentes abiertos, sino por la capacidad de definir una dirección clara, priorizar con criterio y sostener un ritmo que genere un impacto sostenible.
Separar el ruido del avance
En un entorno donde todo parece urgente, es fundamental poder distinguir entre lo que presiona y lo que realmente transforma. El liderazgo efectivo se demuestra no acumulando frentes, sino terminando los correctos y generando resultados con foco.
Una organización madura debe ser capaz de sostener múltiples líneas de ejecución, pero siempre bajo un hilo conductor que jerarquice, seleccione y regule el ritmo para evitar la fragmentación.
La rareza de la claridad
En la era actual, donde la tecnología y la información son abundantes, la competencia más escasa en las organizaciones es la claridad. La capacidad de decir no, de elegir y de mantener una línea estratégica en medio de la urgencia es fundamental para el verdadero progreso.
Cada vez más organizaciones se están dando cuenta de que la aceleración sin sentido resulta más costosa que una pausa inteligente. El verdadero liderazgo se refleja en los indicadores que cambian, no en una agenda llena de actividades.
Conclusión
Movimiento no es sinónimo de progreso. Para avanzar de manera efectiva, es necesario tener dirección, enfoque y disciplina. Aquellas organizaciones y líderes que logren mantener la claridad, el criterio y el propósito serán los que definan el futuro del trabajo y la gestión. Avanzar no es simplemente moverse, es moverse hacia donde realmente importa.
*Marcelo Villegas, abogado especialista en negociaciones complejas, derecho laboral y recursos humanos, exministro de Trabajo de la provincia de Buenos Aires y coach ontológico.
