El Gran Premio de Mónaco es conocido en todo el mundo como la carrera más glamorosa de la Fórmula 1. Más allá de su trazado legendario, lo que realmente lo distingue es el despliegue de lujo que se concentra en el puerto justo al lado del circuito.
Los superyates amarrados frente a la pista se transforman en las tribunas más exclusivas y, sobre todo, en las más caras del planeta para seguir la competencia.
Durante esa semana, Port Hercule deja de ser un puerto común y se convierte en el punto de encuentro de las mayores fortunas globales.
El precio de la exclusividad flotante
Alquilar un superyate de lujo como el Kismet, una verdadera mansión sobre el agua, puede llegar a costar tres millones de euros por una semana. Este yate cuenta con capacidad para 12 huéspedes en ocho suites, spa con hammam, sauna, crioterapia, gimnasio y atención de una tripulación de 36 personas.
Desde sus jacuzzis en cubierta se puede vivir la emoción de los monoplazas pasando a pocos metros. Es la forma más millonaria de disfrutar de una carrera de Fórmula 1.
Una vez alquilado el yate, queda el desafío de conseguir amarre en Port Hercule, el único puerto con suficiente profundidad para estas embarcaciones.
De sus 700 amarres, los más codiciados están en la Trackside Zone, justo al lado del circuito donde los autos pasan a escasos metros de los yates.
Tarifas que se disparan cerca de la pista
Según las tarifas oficiales del puerto, el precio depende de la eslora del yate y la proximidad a la pista. Un yate de 19 metros puede costar desde unos 5.668 euros en la zona más lejana hasta más del triple en las áreas cercanas al trazado.
Pasar a la zona Trackside implica un aumento importante, cercano al 26%. Para un megayate de 122 metros como el Kismet, amarrar en la posición más exclusiva durante la semana del Gran Premio puede rondar los 160.000 euros solo por el atraque.
Esta zona permite ver de cerca uno de los puntos icónicos: donde los autos salen del túnel y frenan para la chicane, permitiendo observar los monoplazas con mayor detalle mientras reducen velocidad.
Los superyates se convierten así en una grada flotante de lujo inigualable. En ediciones anteriores, se estimó que los barcos reunidos superaban los 2.000 millones de euros en valor total.
Propietarios como Bernard Arnault, de LVMH, suelen posicionar sus embarcaciones en lugares destacados. El desfile de yates comienza días antes de la carrera y es parte del espectáculo mismo.
