La renuncia de Keir Starmer ha vuelto a sacudir la política británica y coloca al Reino Unido a las puertas de tener su séptimo primer ministro en apenas diez años, una situación que refleja la profunda crisis política que atraviesa el país desde el referéndum del Brexit en 2016.
Si se confirma la llegada de Andy Burnham al número 10 de Downing Street, el Reino Unido habrá pasado por los gobiernos de David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak, Keir Starmer y Andy Burnham en una sola década. Ninguna otra gran democracia occidental ha experimentado un nivel comparable de rotación en su liderazgo durante ese período.

La inestabilidad comenzó tras la victoria del Brexit, que provocó la dimisión de Cameron. Desde entonces, sucesivas crisis políticas, disputas internas, escándalos gubernamentales, dificultades económicas y cambios de liderazgo han impedido que el país encuentre una etapa prolongada de estabilidad.
El caso de Starmer resulta especialmente llamativo. Después de lograr una contundente victoria electoral en 2024 y devolver al Partido Laborista al poder, su gobierno sufrió una rápida caída de popularidad debido a problemas económicos, conflictos internos y una creciente pérdida de apoyo entre los votantes. La presión dentro de su propio partido terminó empujándolo a presentar la renuncia menos de dos años después de asumir el cargo.
Ahora todas las miradas apuntan a Andy Burnham, exalcalde de Gran Mánchester y una de las figuras más populares del laborismo. Su reciente victoria en una elección parcial y el respaldo de importantes dirigentes del partido lo convierten en el gran favorito para suceder a Starmer.

Sin embargo, su llegada no garantiza el fin de la crisis. Burnham heredará una economía con bajo crecimiento, altos niveles de deuda pública, presión sobre los servicios estatales y un electorado cada vez más desencantado con los partidos tradicionales. Además, el ascenso de Reform UK, liderado por Nigel Farage, ha transformado el panorama político y amenaza tanto a laboristas como a conservadores.
La sucesión de primeros ministros se ha convertido en un símbolo de la dificultad que enfrenta el Reino Unido para encontrar una dirección política estable. Diez años después del Brexit, el país continúa inmerso en una etapa de incertidumbre que parece estar lejos de terminar.
