Al mismo tiempo, la inflación viene desacelerándose y se ubica en torno a 4,2% interanual, todavía por encima de la meta de 3%, mientras la Selic permanece en 14%, luego de haber alcanzado niveles cercanos a máximos de dos décadas. Esa tasa real elevada ayudó a contener los precios y sostuvo al real, que se mantiene firme frente al dólar, pero también encarece el crédito, enfría la actividad y aumenta el costo de una deuda pública elevada.
Por eso, el déficit fiscal y el gasto público se convirtieron en uno de los ejes centrales del debate electoral y en una variable clave para los inversores.
Con ese frente fiscal en el centro de la discusión, el mercado ya empezó a posicionarse de cara a las elecciones. Para los analistas consultados, las valuaciones de varias compañías brasileñas se encuentran comprimidas y buena parte de una continuidad de Lula ya estaría reflejada en los precios.
La incertidumbre aparece, en cambio, alrededor de una eventual segunda vuelta y, sobre todo, de qué señales sobre gasto, déficit y deuda entregue quien llegue al Palacio del Planalto.
¿Qué se espera para las elecciones en primera vuelta?
A poco más de un mes de las elecciones, Lula llega como favorito para imponerse en la primera vuelta, aunque sin una ventaja suficiente como para asegurar una definición inmediata.
En este sentido, las últimas encuestas muestran diferencias importantes según la consultora, pero coinciden en ubicarlo al frente. De esta forma, RealTime Big Data lo coloca con 38%, frente a 30% de Flávio Bolsonaro, mientras Augusto Cury alcanza 11% y Renan Santos 7%. AtlasIntel, en cambio, amplía la ventaja y ubica a Lula en 43,4%, frente a 33,7% de Bolsonaro.
El problema para el oficialismo aparece cuando la elección se proyecta a una segunda vuelta. Allí la competencia se vuelve mucho más estrecha. RealTime Big Data muestra un empate de 44% a 44%, mientras BTG/Nexus ubica a Lula apenas por delante, con 46% frente a 45%, y AtlasIntel le da una ventaja algo mayor, de 47,1% contra 42,6%. La diferencia, además, se achicó respecto de julio.
A su vez, la discusión electoral conlleva cuestiones de política fiscal y económica que muestran las amplitud de las diferencias entre candidatos. Por un lado, Lula busca defender un modelo con mayor participación del Estado, inversión pública y continuidad del actual marco fiscal, junto con programas sociales, infraestructura y políticas industriales.
Su programa propone mantener el esquema fiscal vigente y apoyarse en una nueva etapa del PAC, el gran plan federal de inversión en infraestructura, junto con concesiones al sector privado para obras y servicios, y programas como Minha Casa, Minha Vida, orientado a facilitar el acceso a la vivienda y dinamizar la construcción.

Lula lidera las encuestas, pero una eventual segunda vuelta aparece mucho más abierta frente a Flávio Bolsonaro.
Bolsonaro, en cambio, plantea una agenda de ajuste más agresiva sobre el Estado, con un nuevo techo de gasto, reducción de al menos diez ministerios, recorte de cargos y gastos administrativos y una nueva ola de privatizaciones y concesiones. Su equipo económico también discute una regla fiscal vinculada directamente a la relación deuda/PBI, con el objetivo de frenar el crecimiento del gasto cuando el endeudamiento aumente.
Ahí aparece uno de los principales puntos de tensión para el mercado. Brasil llega a la elección con una deuda bruta cercana a 82% del PBI y un déficit nominal muy elevado, mientras el gasto obligatorio deja poco margen para una corrección rápida.
Por eso, más allá de las diferencias ideológicas, los inversores dudan de que cualquiera de los dos candidatos pueda estabilizar rápidamente la trayectoria fiscal. De esta forma, la economía es una de las cuestiones de mayor peso en la decisión del electorado.
El crecimiento se desaceleró en el segundo trimestre, a pesar que el dato vino por encima de las proyecciones, el consumo de los hogares cayó 0,4%, la tasa de referencia de política monetaria Selic sigue en 14% y el endeudamiento de las familias permanece elevado. A eso se suman cuestiones políticas como la seguridad, la relación con el Congreso y el Supremo Tribunal Federal, y el debate sobre el tamaño y el costo del Estado.
Ese escenario explica por qué la elección empieza a ser leída también como una oportunidad de mercado. Con Lula todavía como favorito, pero una segunda vuelta mucho más abierta y diferencias fuertes entre ambos espacios en materia fiscal y económica, los inversores empiezan a preguntarse cuánto de ese riesgo político ya está incorporado en los precios y dónde pueden aparecer oportunidades de entrada.
¿Hay oportunidades de inversión ante el cambio político?
Con el escenario electoral todavía abierto, el punto para el mercado pasa por determinar cuánto riesgo político ya está incorporado en los precios y qué activos pueden ofrecer valor antes de la definición.
En este sentido, para Martín Mejía, analista de la Oficina de Inversiones de Cohen, Brasil ya muestra niveles atractivos de entrada justamente porque buena parte de una eventual continuidad de Lula estaría descontada.
“Brasil está presentando precios y oportunidades atractivas de entrada, en gran parte porque ya tienen descontado el escenario electoral en el que gana Lula”, explicó. Según Mejía, las encuestas siguen mostrando al actual presidente como favorito en primera vuelta, pero dejan bastante más incertidumbre frente a una eventual segunda vuelta, lo que abre margen para movimientos más bruscos si el resultado se aleja de lo esperado.
Desde Research de IOL Inversiones también ven una oportunidad en la previa, aunque ponen el foco menos en el nombre del ganador y más en qué señales económicas entregue el próximo gobierno.
“En ciclos electorales previos, como 2018 y 2022, el mercado se movió con más fuerza una vez conocido el plan fiscal del gobierno entrante”, señalaron. Esa experiencia sugiere que la etapa previa puede ofrecer puntos de entrada, pero también que el verdadero catalizador puede aparecer después de la elección, cuando se conozcan con mayor claridad las definiciones sobre gasto, deuda y disciplina fiscal.
A eso se suma que la reciente corrección del mercado brasileño dejó a varias compañías líderes negociando a valuaciones comprimidas, lo que puede mejorar la relación riesgo-retorno para quien esté dispuesto a tolerar volatilidad política.
Para IOL, el atractivo aparece especialmente en empresas de gran capitalización, con generación de caja estable y negocios capaces de sostenerse aun cuando aumente el ruido electoral.
En ese sentido, los analistas también destacan la utilidad de combinar exposición a sectores con potencial de recuperación con perfiles más defensivos, como consumo masivo o banca tradicional.
La lógica es reducir la dependencia de un único desenlace político y privilegiar compañías con balances sólidos, escala y capacidad de generar resultados aun en un escenario de mayor incertidumbre.
Por eso, más que una apuesta binaria entre Lula y Bolsonaro, la estrategia empieza a tomar la forma de un trade sobre valuaciones, política fiscal y posible normalización de tasas, con oportunidades puntuales en bancos, consumo, energía y vehículos diversificados que permiten capturar el movimiento general del mercado brasileño.
Cedears para posicionarse ante las elecciones de Brasil
A la hora de bajar la estrategia a instrumentos concretos, los analistas encuentran oportunidades principalmente en bancos, consumo, energía y vehículos diversificados, aunque con perfiles de riesgo distintos según cuánto dependa cada activo del ciclo político, las tasas y el frente externo.
Para Martín Mejía de Cohen, una de las alternativas más destacadas es Nubank (NU). “Es una de las empresas más destacadas del momento en el mercado brasileño”, señaló. El principal argumento pasa por la expansión de su cartera de crédito en América Latina y, especialmente, en Brasil, junto con una mejora en variables que venían generando dudas entre los inversores.
“En el segundo trimestre mejoró sus niveles de mora e incobrabilidad, factores que estaban pesando mucho en la crítica del mercado”, explicó.

Nubank aparece entre las principales apuestas por su expansión regional y la mejora de sus indicadores de riesgo.
Dentro del mismo sector, Mejía también destaca a los bancos tradicionales. Según sostuvo, Bradesco (BBD), Itaú (ITUB) y BTG Pactual (BPAC) operan a múltiplos relativamente bajos frente a sus promedios históricos, pese a mantener negocios rentables y de escala.
Desde Research de IOL Inversiones ponen especialmente el foco en Bradesco, que cotiza cerca de 1,07 veces su valor libro y podría beneficiarse si mejora el crédito local.
En una estrategia más defensiva, IOL señala a Ambev (ABEV), una compañía de consumo masivo con fuerte generación de caja y un dividend yield cercano a 4,6% anual. La lógica, en este caso, es reducir la exposición al ruido electoral mediante un negocio con ingresos más estables y menor sensibilidad directa a los cambios políticos de corto plazo.
En energía, Cohen menciona a Petrobras (PBR), aunque con un perfil de riesgo mayor. “No se está destacando por fuertes inversiones de capital, sino que se apoya en la estabilidad y continuidad de su producción”, explicó Mejía.
Aun así, advirtió que la petrolera combina dos fuentes de volatilidad, ya que está expuesta tanto al riesgo electoral brasileño como a los movimientos del precio internacional del crudo, hoy condicionados por las tensiones en Medio Oriente.
Finalmente, para quienes prefieran evitar la selección de acciones individuales, tanto Cohen como IOL destacan al ETF EWZ, que permite capturar con un solo instrumento el movimiento general del mercado brasileño.
Según IOL, funciona como “el vehículo por excelencia para capturar el movimiento general del mercado brasileño” y permite diversificar la exposición entre distintos sectores.
Así, la estrategia no pasa únicamente por apostar a un resultado electoral determinado, sino por elegir qué tipo de riesgo asumir. Nubank y los bancos ofrecen mayor sensibilidad a una mejora del crédito y de las condiciones financieras, Ambev aporta un perfil más defensivo, Petrobras suma exposición al petróleo y al riesgo político, mientras EWZ permite tomar una posición más amplia sobre Brasil sin depender del desempeño de una sola compañía.
