La imposición de sanciones a ministros israelíes del gabinete democrático.
La imposición de sanciones a personas y entidades israelíes de manera arbitraria.
La suspensión de las negociaciones sobre un acuerdo de libre comercio entre ambas naciones.
Las restricciones a la participación oficial de Israel en la exposición internacional de equipos de defensa y seguridad en Gran Bretaña.
La congelación del diálogo militar y la cooperación en materia de seguridad.
La prohibición de que oficiales de las FDI participen en la formación en el Royal College of Defence Studies.
Los repetidos ataques parciales y unilaterales orquestados contra Israel en el ámbito internacional.
A pesar de la ingratitud del Gobierno Laborista, el ministro Gideon Sa’ar remarcó la lealtad y el valor estratégico que Israel ha aportado históricamente a la seguridad británica. En palabras del propio Sa’ar: «Creemos en el diálogo y seguiremos creyendo en él. Lamentablemente, en los últimos años no se ha producido un diálogo genuino con el Gobierno laborista. Las relaciones entre Israel y Gran Bretaña son importantes y han demostrado repetidamente su valor también en la protección de la vida y los intereses de los ciudadanos británicos. Recientemente, Israel proporcionó a Gran Bretaña información vital en el caso de la base aérea de Fairford».

Frente a la incontestable postura israelí, la respuesta del ministro de Asuntos Exteriores británico, Ed Miliband, reflejó una total desconexión de la realidad. Ed Miliband intentó alegar sin éxito que Israel no tenía derecho legal a clausurar la oficina que llevaba casi 200 años operando, sosteniendo que mantendrían una presencia independiente rebautizada como Misión del Reino Unido en Jerusalén para respaldar una «solución de dos Estados» en lo que calificó como «territorio ocupado».
No obstante, el propio Miliband tuvo que admitir el retiro de personal y sus familias por razones de seguridad, confirmando además que Gran Bretaña no tomará medidas represivas mientras continúen las conversaciones. La escena final de esta humillación diplomática británica fue presenciada por la agencia Reuters, cuyos reporteros observaron cómo los propios trabajadores del consulado desmontaron durante la noche la placa con la inscripción «Consulado General Británico» y la señalización consular, dejando únicamente flamear la bandera británica sobre un edificio despojado de sus atribuciones consulares.
