Los saqueos afectaron a aproximadamente 15 establecimientos, entre ellos negocios de informática, indumentaria y una joyería. El despliegue policial incluyó a más de 220 agentes de los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana, que debieron intervenir ante los ataques con piedras y otros objetos.
El balance preliminar dejó 100 detenidos, aproximadamente una cuarta parte menores de edad y un gran porcentaje de inmigrantes que las autoridades evitaron dar a conocer.
Las gobiernos de izquierda prometieron “castigar” a los responsables

La gravedad de los incidentes obligó a cerrar temporalmente varios establecimientos comerciales para preservarse ante la inoperancia estatal, entre ellos El Corte Inglés de plaza Cataluña, donde algunos clientes permanecieron dentro mientras continuaban los enfrentamientos.
El alcalde socialista de Barcelona, Jaume Collboni, condenó los destrozos y anunció que el Ayuntamiento intervendrá judicialmente para reclamar responsabilidades a los implicados. “No permitiremos que se vandalice Barcelona ni se intimide a sus ciudadanos“, aseguró mientras Barcelona continua siendo vandalizada.
