En ese escenario, la reacción de los activos empezó a alejarse de la foto macroeconómica inmediata. La caída de la confianza del consumidor agregó una señal de debilidad sobre el frente social y, junto con las dudas sobre la actividad del segundo trimestre, volvió a poner en primer plano el escenario político.
Así, mientras la acumulación de reservas, el superávit externo y cierta distensión monetaria ofrecieron respaldo a la estrategia económica, el mercado comenzó a exigir una prima mayor ante la incertidumbre sobre la continuidad del programa de cara a 2027.
La macro mostró señales favorables, pero el mercado siguió mirando la política
La semana dejó datos macroeconómicos más favorables que la reacción de los activos. Por un lado, el superávit comercial alcanzó u$s2.115 millones en julio, la actividad rebotó 0,8% mensual en junio y las cuentas públicas volvieron a terreno positivo, con un superávit primario cercano a $3 billones. Al mismo tiempo, el BCRA continuó comprando divisas y las reservas se mantuvieron por encima de los u$s50.000 millones, mientras el dólar mayorista siguió contenido debajo de los $1.500.
Sin embargo, esa mejora volvió a mostrar fuertes diferencias entre sectores. En este sentido, Juan Manuel Franco, economista jefe de SBS, destacó que el rebote del EMAE convive con una brecha marcada entre energía, minería y agro, por un lado, y las actividades más vinculadas al mercado interno, por otro. A su vez, según dio a conocer en la semana el INDEC, los salarios privados registrados no crecieron en términos reales en junio y acumulan una caída de 2% desde diciembre, una dinámica que, junto con el retroceso de la confianza del consumidor, empieza a ganar peso a medida que se acerca el ciclo electoral.
En esa misma línea, desde Puente señalaron que el comportamiento de los activos sugiere que el mercado está asignando cada vez más importancia a las expectativas políticas que a la mejora reciente de algunos indicadores. Además, el frente inflacionario dejó señales dispares: mientras el IPC de julio aceleró al 2,1% mensual, los precios mayoristas subieron apenas 0,8%, su menor variación desde mayo de 2025.
Aun así, el principal foco financiero siguió puesto en las tasas y la liquidez. En este sentido, la caución a un día llegó a operar cerca del 30% TNA y la TAMAR alcanzó el 26%, en un mercado con pocos pesos disponibles y con un BCRA que compra dólares a un ritmo bastante menor que en julio. Para SBS, esa tensión sigue funcionando como el costo de sostener la estabilidad cambiaria, aunque una mayor provisión de liquidez permitió cierta distensión hacia el cierre de la semana.
A esto se sumó la baja adhesión al canje de la LELINK D31G6, donde apenas se renovó 34,1% del circulante y la demanda se concentró en el tramo más corto, por lo que quedaron unos u$s2.600 millones equivalentes para afrontar a fin de mes. Así, aun con tasas atractivas, el mercado volvió a mostrar preferencia por cobertura y plazos cortos.
Con ese telón de fondo, la mejora de algunos datos macro no alcanzó para despejar las dudas que ya venían reflejándose en las valuaciones locales. Esa cautela se trasladó con especial fuerza a la renta variable, donde el S&P Merval volvió a perder terreno y varios sectores profundizaron la corrección acumulada durante agosto.

El escenario electoral comenzó a ganar peso en las decisiones del mercado.
Los bancos profundizaron el castigo, mientras energía volvió a sostener al S&P Merval
En esta coyuntura, la renta variable argentina volvió a quedar rezagada frente al exterior, incluso cuando el contexto internacional ofreció algo más de respaldo. El anuncio de mayores recompras de deuda por parte del Tesoro estadounidense ayudó a comprimir las tasas largas y mejoró el tono global para los activos de riesgo. Sin embargo, ese alivio no logró trasladarse al mercado local. Así, el S&P Merval cayó 1,2% en pesos y 1,8% en dólares, hasta ubicarse en torno a los u$s1.800, con una corrección que volvió a concentrarse en el sector financiero.
En ese escenario, según IEB, los bancos acumulan una baja cercana al 20% desde comienzos de julio, en un mercado que todavía no termina de convalidar una recuperación plena del negocio. Esta semana, BBVA cayó 7,5% y Banco Macro 4,8%, mientras que también retrocedieron Transener (-4,9%), Ternium Argentina (-4,3%) y BYMA (-4,1%). Del otro lado, Cresud avanzó 6,2% e YPF 3,7%, seguidas por Comercial del Plata (+2%), Pampa Energía (+1,3%) y TGS (+0,7%).
A su vez, la dispersión sectorial volvió a ser marcada. Mientras los bancos siguieron liderando las pérdidas, Oil & Gas volvió a funcionar como uno de los principales soportes del índice, favorecido por un Brent por encima de los u$s90 y por nuevas señales de expansión de Vaca Muerta. En particular, durante la semana el Gobierno aprobó el ingreso al RIGI de Los Toldos II Este, el proyecto de Tecpetrol que prevé una inversión de u$s6.400 millones y se convirtió en el mayor desarrollo de explotación y producción de petróleo incorporado hasta ahora al régimen.
Ese contraste también apareció en los balances corporativos. Banco Macro mostró una mejora de la rentabilidad y una reducción del costo de riesgo, aunque la mora continuó aumentando y los márgenes y la eficiencia siguieron bajo presión. Grupo Supervielle, por su parte, logró revertir las pérdidas del trimestre anterior y expandir su margen financiero; sin embargo, la mejora de los depósitos todavía no se trasladó a una recuperación del crédito.
De esta manera, los resultados mostraron avances respecto de los trimestres más débiles, pero todavía sin una normalización completa del negocio bancario.
Con esa combinación, el S&P Merval volvió a mostrar dos velocidades: mientras el sector financiero concentró buena parte de las bajas, las compañías vinculadas a energía encontraron respaldo en el precio internacional del crudo y en las nuevas inversiones proyectadas para Vaca Muerta. Esa divergencia permitió amortiguar parcialmente la caída del índice, aunque no alcanzó para revertir el deterioro acumulado durante agosto.
La presión, de todos modos, no quedó limitada a las acciones y también se trasladó con fuerza a la renta fija, donde los bonos soberanos volvieron a perder terreno y el riesgo país superó nuevamente los 500 puntos básicos.

Vaca Muerta volvió a funcionar como uno de los principales soportes del mercado local
La renta fija profundizó el desacople y la política ganó peso en los precios
La presión fue incluso más evidente en la renta fija en dólares, donde los bonos argentinos volvieron a desacoplarse del resto de los emergentes. Durante la semana, los Bonares cayeron 2,9% y los Globales 2,6%, mientras el riesgo país avanzó 26 puntos y terminó en 506 puntos básicos. La divergencia también se observa en agosto: mientras la deuda emergente gana 0,6% y la latinoamericana 0,3%, los Bonares retroceden 4,6% y los Globales 3,6%.
Detrás de ese castigo confluyeron las elevadas tasas en pesos y una prima política creciente. Desde Cohen, Justina Gedikian sostuvo que, con buena parte del ordenamiento macro ya incorporado en los precios, la discusión sobre la deuda empezó a desplazarse hacia la continuidad del programa económico en 2027. De hecho, sus estimaciones muestran que la curva soberana descuenta una probabilidad implícita cercana al 72% de continuidad, aunque con mayor cautela en los bonos largos.
En pesos, en tanto, la escasez de liquidez siguió condicionando las valuaciones, aunque sobre el cierre apareció cierta recuperación. La curva a tasa fija terminó con rendimientos de entre 26% y 28% TNA, mientras los CER volvieron a quedar rezagados y los duales recuperaron parte de las pérdidas recientes. Así, con vencimientos por $13,9 billones hacia fin de mes, la próxima licitación será una nueva prueba para determinar cuánto puede distenderse el mercado sin poner presión sobre el dólar.
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Inflación, tasas altas y menor liquidez continuaron presionando a la renta fija local.
Wall Street cerró en rojo, con la deuda de EEUU como principal foco de tensión
En el plano internacional, Wall Street terminó la semana con pérdidas, aunque logró recuperar parte del terreno en la última rueda. Según TSA Bursátil, el S&P 500 cayó 1,4%, el Dow Jones retrocedió 0,8% y el Nasdaq 100 perdió 2,5%, mientras que el STOXX Global 1800 cedió 1,2%.
La debilidad también fue sectorial: tecnología, utilities e industria encabezaron las bajas, mientras que energía, salud y materiales lograron cerrar en positivo.
Más allá del comportamiento de las acciones, el principal foco estuvo en la renta fija estadounidense, es decir, en los bonos del Tesoro. Desde IOL Inversiones señalaron que la tasa del bono a 30 años se mantuvo cerca de 5,27%, presionada por las dudas fiscales después de que la deuda bruta de Estados Unidos superara los u$s40 billones.
En términos simples, cuanto más sube ese rendimiento, mayor es el costo que exige el mercado para financiar al Gobierno estadounidense y, al mismo tiempo, mayor es la competencia que enfrentan las acciones frente a activos considerados más seguros.
En ese contexto, el Tesoro, conducido por Scott Bessent, anunció una ampliación de las recompras de deuda de largo plazo. La medida buscó aportar liquidez y reducir parte de la presión sobre los bonos de entre 10 y 30 años, aunque el alivio fue limitado y no alcanzó para despejar las preocupaciones por el volumen de emisión y el déficit fiscal.
Aun así, la macro estadounidense siguió mostrando fortaleza. En este sentido, IOL destacó que el PMI flash alcanzó los 56 puntos, su nivel más alto desde 2022, una señal de expansión de la actividad empresarial. Sin embargo, ese dato también tuvo una lectura menos favorable para los mercados: una economía que se mantiene firme reduce la urgencia de una baja de tasas por parte de la Reserva Federal.
Finalmente, el viernes apareció algo de alivio por el frente geopolítico. Según TSA Bursátil, las señales de una posible distensión en el conflicto con Irán ayudaron a moderar el precio del petróleo y favorecieron el rebote de las acciones en la última rueda. Así, la semana cerró con una combinación incómoda para los inversores: actividad todavía sólida, pero tasas largas elevadas y un frente fiscal que volvió a condicionar las valuaciones globales.

Las señales de distensión en Ormuz moderaron la presión sobre el petróleo y dieron algo de alivio a Wall Street.
De cara a la próxima semana, el foco estará puesto en la licitación del Tesoro y en la evolución de la liquidez en pesos, dos variables que serán claves para determinar si las tasas cortas pueden seguir cediendo. Al mismo tiempo, el mercado seguirá de cerca el frente cambiario: si se sostiene la oferta de divisas, el BCRA podría continuar acumulando reservas sin sumar presión sobre el dólar, aunque los tramos más largos de la curva seguirán condicionados por la incertidumbre política y la percepción de riesgo.
