En los últimos días, una sucesión de terremotos registrados en diferentes partes del mundo volvió a poner la actividad sísmica bajo la lupa. Indonesia, España, Colombia, Venezuela y la Argentina fueron algunos de los países donde se detectaron movimientos de distinta magnitud, lo que puede generar la percepción de que el planeta está atravesando un período excepcional.
Sin embargo, la cercanía temporal entre estos fenómenos no implica necesariamente que exista una conexión entre ellos ni que la Tierra esté experimentando un aumento extraordinario de terremotos.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés), uno de los principales organismos dedicados al estudio de estos fenómenos, explica que los períodos con mayor o menor cantidad de movimientos forman parte de las fluctuaciones normales de la actividad sísmica.

De hecho, el organismo localiza aproximadamente 20.000 terremotos alrededor del mundo cada año, lo que representa un promedio cercano a los 55 movimientos diarios. Muchos son de baja magnitud y pasan inadvertidos para la población.
Entonces, ¿por qué en determinados momentos parece que tiembla todo el mundo al mismo tiempo?
Para comprender el fenómeno es necesario observar qué sucede debajo de la superficie terrestre. La capa exterior del planeta está fragmentada en grandes bloques conocidos como placas tectónicas, que permanecen en constante movimiento.
Cuando dos placas interactúan, pueden acumularse enormes cantidades de energía. Si la tensión supera la resistencia de las rocas, se produce una ruptura repentina que libera esa energía en forma de ondas sísmicas. Es entonces cuando ocurre un terremoto.
Este proceso sucede permanentemente en distintas regiones del planeta y explica por qué pueden registrarse movimientos importantes en lugares separados por miles de kilómetros durante un período relativamente corto.
Por ese motivo, que haya un terremoto en Indonesia y poco después se detecten movimientos en América del Sur o Europa no alcanza para establecer que los fenómenos estén relacionados.
Existen situaciones en las que un gran terremoto puede modificar las condiciones de otras fallas. Los especialistas estudian, por ejemplo, un fenómeno conocido como activación o disparo dinámico, por el cual las ondas generadas por un gran sismo pueden favorecer movimientos en lugares alejados bajo determinadas condiciones.
Se trata, sin embargo, de un proceso específico que debe analizarse en cada caso. No significa que un terremoto fuerte desencadene automáticamente una reacción en cadena de grandes sismos alrededor del planeta.
¿Hay más terremotos que antes?
La respuesta del USGS es clara: un aumento temporal en la cantidad de terremotos no significa que la actividad sísmica global esté creciendo de manera anormal.
Los registros históricos permiten poner las cifras en perspectiva. Según el organismo estadounidense, desde aproximadamente 1900 se espera un promedio de 16 grandes terremotos por año: unos 15 de magnitud 7 y uno de magnitud 8 o superior.
Esa cantidad no es idéntica todos los años. En algunos períodos se supera ampliamente el promedio y en otros ocurre lo contrario. En 2010, por ejemplo, se registraron 23 terremotos de magnitud 7 o superior, mientras que en 1989 fueron solamente seis.
Hay otro factor que contribuye a la percepción de que actualmente ocurren más terremotos: la capacidad para detectarlos mejoró considerablemente.
La expansión de las redes de monitoreo y la incorporación de instrumentos más sensibles permiten identificar movimientos que anteriormente podían quedar fuera de los registros. A esto se suma la velocidad de circulación de la información: un terremoto ocurrido a miles de kilómetros puede convertirse en noticia internacional apenas minutos después.
Por lo tanto, una mayor cantidad de terremotos registrados en los catálogos no necesariamente significa que estén ocurriendo más, sino que actualmente existen mejores herramientas para detectarlos.
