La sustentabilidad dejó de ser un concepto asociado únicamente a los grandes compromisos corporativos y comenzó a trasladarse a un lugar concreto de las empresas: las oficinas. La eficiencia energética, el consumo de agua, la gestión de residuos, las energías renovables y la reducción de la huella de carbono forman parte de las decisiones que empiezan a definir cómo se diseñan y gestionan los espacios de trabajo.
En el marco de la Agenda 2030 y de los objetivos ambientales que las compañías adoptan a nivel global, Santander Argentina, Cushman & Wakefield y Adidas explicaron cuáles son las medidas que están implementando y qué desafíos aparecen a la hora de transformar las oficinas actuales.
Para las empresas, el desafío no pasa solamente por incorporar nuevas tecnologías. También implica modificar procesos, medir consumos y establecer objetivos que permitan determinar si las acciones implementadas generan resultados concretos.
Eficiencia energética y reducción de emisiones en las oficinas
Desde Cushman & Wakefield, empresa global líder en servicios inmobiliarios corporativos, explican que una de las principales demandas de sus clientes está relacionada con transformar los objetivos ambientales en medidas concretas dentro de los edificios.
“Nuestros clientes nos piden que los ayudemos a gestionar y alcanzar sus objetivos de sustentabilidad con hechos y acciones concretas: eficiencia energética, consumo de agua y en todo lo que haga a la reducción en la huella de carbono”, comenta Claudio Ubaldi, director de Facility y Property Management de Cushman & Wakefield para Argentina y Uruguay.
Claudio Ubaldi, director de Facility y Property Management de Cushman & Wakefield para Argentina y Uruguay
Las estrategias, sin embargo, no son iguales para todas las empresas. Algunas ya cuentan con objetivos ambientales definidos, mientras que otras todavía se encuentran en una etapa de identificación de oportunidades.
“Entre nuestros clientes hay diversidad de situaciones: en el caso de los clientes que tienen el objetivo definido, los equipos de gestión trabajan en pos de conseguirlos y, en los casos en los que no es así, trabajan en propuestas para luego implementarlas. Pueden ir desde una certificación hasta acciones más concretas como la instalación de un techo de paneles solares”, agrega.
La incorporación de energías renovables aparece, así como una de las alternativas que pueden adoptar las empresas para reducir su consumo de energía convencional. Pero no es la única. La medición permanente de los consumos permite detectar ineficiencias y definir inversiones con impacto ambiental y económico.
En Santander Argentina, la estrategia parte de una mirada integral sobre la operación de sus oficinas. La compañía implementa medidas vinculadas con la gestión de residuos, la movilidad y el uso de recursos naturales.
“Las acciones que realizamos van desde la gestión de residuos y la separación en origen en nuestros edificios corporativos hasta la movilidad eléctrica. Por ejemplo, el año pasado el 60% de nuestra flota corporativa fue eléctrica o híbrida. Otras acciones relacionadas a la naturaleza son la gestión de compost, techos verdes y puntualmente ahora tenemos una alianza con el INTA que usa nuestros techos para probar especies y ver si se pueden replicar en la Ciudad. También trabajamos en conjunto con organizaciones especializadas en la gestión de residuos singulares como plásticos de un solo uso, pilas y baterías”, explica Julián Antoniades, responsable de infraestructura y sustentabilidad en Santander Argentina.
Julián Antoniades, responsable de infraestructura y sustentabilidad en Santander Argentina
La eficiencia energética también ocupa un lugar central en la estrategia del banco. “El objetivo principal es trabajar de manera cada vez más eficiente y lo hacemos a través de la implementación inteligente de monitoreo, eficiencia energética, la gestión de energías renovables y la gestión de emisiones y huella de carbono. Lo importante para nosotros es entender que no son acciones aisladas, sino que forman parte de una gestión integrada y sostenible”, añade.
En Adidas, la estrategia está vinculada con objetivos globales que luego se adaptan a cada región y mercado. Pedro Pita, Workplace manager de la compañía, explicó que el seguimiento se realiza a través de indicadores y normas internacionales. “Hablando en el marco de las normas ISO, todo lo que hacemos lo medimos a través de los KPI que marca la norma”.
“Para la Agenda 2030 tenemos objetivos a nivel global, región y país. A nivel global, e s reducir los gases de efecto invernadero en un 70%; luego en la región se transforma en un 75% y en Argentina estamos trabajando con las normas ISO para implementar paneles de energía solar que nos darían un ahorro del 30%. La norma ISO nos pide que año a año vayamos bajando el consumo energético y estamos ya pensando en lo que será el año que viene”, completa.
Pedro Pita, Workplace manager de Adidas Argentina
La compañía también trabaja sobre el consumo de agua y la generación de menor cantidad de residuos. “La sustentabilidad es un pilar fundamental en la estrategia global. Desde el área de workplace le ponemos mucho foco a la eficiencia energética, reducción de consumo de agua y residuos”, señala.
Cómo serán las oficinas del futuro
La transformación de los espacios de trabajo también está acompañada por una mayor utilización de herramientas para monitorear el funcionamiento de los edificios.
En Adidas, por ejemplo, el seguimiento del consumo energético permitió detectar que la potencia contratada en la oficina corporativa era superior a la que efectivamente utilizaban y pudieron cambiarla y ahorrar costos. “Hacemos un monitoreo constante del consumo energético, tenemos sensores de movimiento, y a futuro estamos trabajando para incorporar energías renovables como paneles solares en el techo de las oficinas corporativas”, desarrolla Pita.
La lógica apunta a que la tecnología no sea solamente una herramienta para automatizar espacios, sino también para reducir consumos y evitar costos innecesarios. Sin embargo, avanzar hacia oficinas más sustentables también implica resolver una tensión frecuente entre los objetivos ambientales y las posibilidades económicas de cada organización.
“Casi siempre los desafíos pasan por equilibrar los objetivos de sustentabilidad de las empresas y las necesidades operativas y presupuestarias. Muchas veces las empresas identifican oportunidades, pero concretar estos hechos requieren de un plan de inversión a mediano o largo plazo”, señala Ubaldi.
La transformación, por lo tanto, no necesariamente ocurre de manera inmediata. Algunas medidas requieren inversiones en infraestructura, mientras que otras pueden comenzar con cambios en la gestión cotidiana de los edificios.
La visión de los especialistas del sector es que esa relación entre sustentabilidad, tecnología y operación será cada vez más estrecha. Desde Cushman & Wakefield anticipan un cambio en el lugar que ocupan estos criterios dentro de las empresas. “Me imagino la oficina del futuro retomando un rol protagónico fundamental en el escenario laboral, mucho más tecnológica, inteligente y en la cual la sustentabilidad dejará de ser un diferencial para pasar a ser un estándar, la norma”, concluye.
Ese escenario implica un cambio relevante para las compañías. La sustentabilidad ya no se limita a una política corporativa o a una serie de acciones aisladas, sino que comienza a incorporarse en decisiones vinculadas con los edificios, la movilidad, el consumo energético, los residuos y la forma en que las personas utilizan los espacios de trabajo.
