En ese marco, la decisión oficial de dejar afuera de las últimas licitaciones al Bonar 2029 en dólares expuso las dificultades para volver al mercado a tasas consideradas sostenibles. El interrogante ya no pasa solamente por el cumplimiento de las metas fiscales, sino también por la acumulación de reservas y la disponibilidad efectiva de divisas para pagar los compromisos.
Por qué sube el riesgo país mientras el dólar sigue tranquilo
La estabilidad cambiaria es uno de los datos que más llaman la atención. Mientras el riesgo país escaló hasta los 648 puntos, el dólar minorista cerró el viernes en $1.535 en el Banco Nación y acumuló una variación de apenas 3,7% en lo que va de 2026, muy por debajo de la inflación. La explicación está en que ambos indicadores miden fenómenos diferentes: el dólar refleja el equilibrio entre la oferta y la demanda de divisas en el corto plazo, mientras que el riesgo país expresa el sobrecosto que debe afrontar la Argentina para endeudarse frente a Estados Unidos y recoge las dudas sobre su capacidad de pago futura.
Por ahora, la oferta de dólares funciona como un amortiguador. Las liquidaciones del agro y del sector energético, junto con las divisas que ingresan por emisiones de deuda de empresas y provincias, sostuvieron el mercado cambiario. A esto se sumaron las compras del Banco Central: la autoridad monetaria acumuló cerca de u$s1.000 millones en lo que va de octubre y las reservas brutas superaron los u$s50.000 millones.

La suba del riesgo país expuso otra vez las dificultades para recuperar el crédito internacional. Mientras el dólar se sostiene por el ingreso de divisas, los bonos siguen sensibles a las dudas sobre el programa financiero y la economía.
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La mayor disponibilidad de divisas permite abastecer la demanda y, al mismo tiempo, sumar reservas sin trasladar necesariamente toda esa presión al tipo de cambio. También influye el atractivo de las colocaciones en pesos, que incentiva a algunos inversores a mantenerse en moneda local mientras el dólar se mueve con relativa estabilidad.
Esa calma, de todos modos, no está garantizada. Si se redujera el ingreso de divisas o el Gobierno necesitara comprar dólares para cubrir pagos de deuda que no logra refinanciar, la presión sobre el mercado cambiario podría aumentar. Por eso, el riesgo país no tiene un impacto automático e inmediato sobre la cotización, pero sí funciona como una advertencia sobre el costo de conseguir financiamiento y las necesidades futuras de dólares. Mientras la oferta de divisas siga siendo holgada, el mercado cambiario puede mostrar un comportamiento distinto al de los bonos.
Las cinco claves que explican el deterioro de los bonos argentinos
1. Las tasas internacionales y la volatilidad de Wall Street. La evolución de la inflación en Estados Unidos volvió a poner en discusión el rumbo de la política monetaria de la Reserva Federal. Una tasa internacional más alta encarece el financiamiento para todos los países, pero golpea con más fuerza a los emisores de mayor riesgo. La caída del Nasdaq y la volatilidad de los principales índices estadounidenses durante la semana reflejaron ese cambio de clima. Para los bonos argentinos, la combinación es desfavorable: compiten por capitales en un contexto de menor apetito por el riesgo.
2. Los vencimientos de deuda y el financiamiento de 2027. La Argentina debe afrontar compromisos importantes en moneda extranjera durante los próximos años. Los inversores quieren saber cómo se obtendrán los dólares necesarios: si el Gobierno podrá volver a emitir deuda, si recurrirá a otras fuentes de financiamiento o si deberá utilizar reservas. La dificultad para colocar títulos en dólares a tasas razonables y la exclusión del Bonar 2029 de las últimas licitaciones alimentaron las dudas. El superávit fiscal es una condición favorable, pero por sí solo no resuelve la necesidad de divisas para pagar la deuda externa.
3. Las reservas del BCRA. Las compras de dólares de octubre constituyen una señal positiva y ayudan a sostener la estabilidad cambiaria. Sin embargo, el mercado necesita comprobar que la acumulación de reservas puede sostenerse en el tiempo y convertirse en un respaldo suficiente para los compromisos financieros. La evolución de las reservas será uno de los datos centrales para evaluar si el Gobierno logra reducir la incertidumbre sobre el programa financiero del año próximo.
4. La actividad económica y la recuperación que no termina de consolidarse. Los indicadores locales también generan dudas. La caída mensual desestacionalizada del 2,9% del EMAE en julio, junto con el aumento de la pobreza en el primer semestre y el retroceso de la confianza del consumidor durante dos meses consecutivos, reforzó la preocupación por el ritmo de la economía. Si la recuperación de la actividad se demora, también puede complicarse la mejora de los ingresos fiscales y de las expectativas sobre el programa económico. El mercado espera señales más consistentes de reactivación, además de los avances en el frente fiscal.
5. La inflación y la incertidumbre política. El IPC de septiembre avanzó al 1,9% mensual, desde el 1,7% de agosto. Aunque la inflación núcleo se mantuvo en 1,7% y acumuló cinco meses por debajo del 2%, la suba de los precios regulados y estacionales mostró que la desinflación todavía enfrenta obstáculos. A la vez, los inversores empiezan a incorporar el escenario electoral de 2027 a sus decisiones. Las dudas sobre la continuidad del rumbo económico, la evolución de la actividad y las posibilidades de reelección de Javier Milei pueden influir sobre la demanda de bonos de largo plazo y la prima de riesgo exigida al país.
Bonos en dólares bajo presión y acciones con resultados dispares
La deuda soberana volvió a ser el segmento más castigado. Los títulos en dólares encadenaron ruedas de bajas y el aumento del riesgo país reflejó la pérdida de precio de esos instrumentos frente a la referencia estadounidense. Cuanto más caen los bonos, mayor es el rendimiento que exigen los inversores para mantenerlos o comprarlos; esa suba del rendimiento, a su vez, encarece una eventual emisión de deuda nueva. El círculo complica la estrategia oficial de volver a financiarse en el mercado para cubrir los vencimientos futuros.
En las acciones, el resultado fue más heterogéneo. El Merval logró cerrar la semana levemente en positivo en pesos, pero los bancos continuaron entre los papeles más golpeados: Galicia retrocedió 2,2% y Macro, 1,4%. Además del riesgo local, el sector sigue expuesto a las dudas sobre la morosidad y la evolución del crédito. En contraste, YPF encontró respaldo en la suba internacional del petróleo y fue uno de los ADR argentinos de mejor desempeño en Wall Street, con un avance semanal de 4,12%.
La diferencia entre sectores muestra que el mercado no está reaccionando de manera uniforme: las empresas vinculadas con la energía pueden beneficiarse del crudo más caro, mientras los bancos son sensibles a la calidad de las carteras de crédito y al deterioro financiero.
La deuda en pesos tuvo un comportamiento relativamente más favorable. En la última licitación, el Tesoro consiguió un rollover del 136%, mientras los instrumentos de tasa fija registraron una suba promedio del 0,7%. En un contexto de incertidumbre cambiaria y financiera, los inversores siguen evaluando las alternativas en moneda local, en particular aquellas que ofrecen cobertura frente a una eventual depreciación o están vinculadas a tasas de referencia.
Qué espera el mercado argentino para esta semana
La semana del lunes 19 al viernes 23 de octubre tendrá varios focos de atención. El primero será la evolución de las tasas de Estados Unidos y de los rendimientos de los bonos del Tesoro, después de la volatilidad provocada por los últimos datos de inflación. Los inversores buscarán nuevas señales sobre las próximas decisiones de la Reserva Federal, cuya reunión está prevista para el 28 de octubre. Antes de ese encuentro, cualquier dato que modifique las expectativas sobre las tasas puede repercutir sobre los activos emergentes y, en particular, sobre los bonos argentinos.
El segundo foco será político: el balotaje presidencial de Brasil, previsto para el domingo 25 de octubre, podría influir sobre el humor de los mercados regionales. La primera vuelta había generado una mejora transitoria de los activos argentinos, pero ese impulso se agotó cuando volvió a crecer la tensión internacional. Un nuevo resultado favorable a Flávio Bolsonaro podría mejorar el clima financiero, aunque los analistas advierten que su efecto difícilmente alcance para revertir por sí solo las dudas locales sobre el financiamiento y la economía.
En el plano doméstico, la atención estará puesta en las compras de dólares del Banco Central (BCRA), la evolución de las reservas, la oferta de divisas y las señales que dé el Gobierno sobre el programa financiero de 2027. También será relevante observar si los bonos consiguen frenar la secuencia de bajas y si el riesgo país se estabiliza por debajo de los máximos recientes. Una mejora sostenida requeriría algo más que un rebote puntual: el mercado necesita certezas sobre cómo se pagarán los vencimientos, una acumulación persistente de reservas y señales de que la actividad puede recuperarse sin que se detenga la desinflación.
El dólar, por ahora, corre por un carril distinto. La abundancia de divisas y las liquidaciones comerciales y financieras pueden sostener la estabilidad cambiaria durante los próximos días, incluso si los bonos continúan bajo presión. Pero el equilibrio depende de que esos flujos se mantengan y de que no aumente la incertidumbre sobre el financiamiento. En definitiva, el mercado argentino empieza la semana con una pregunta central: si la estabilidad cambiaria y fiscal podrá transformarse en confianza suficiente para recuperar el precio de los bonos y abaratar el acceso al crédito internacional.
