El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, anunció que su gobierno avanzará para recuperar el control del Chapare, la región cocalera que durante décadas funcionó como el principal bastión político y sindical de Evo Morales. La declaración se produjo después de que el Ejecutivo lograra superar la ola de bloqueos que paralizó parte del país durante varias semanas y que fue atribuida a sectores alineados con el exmandatario socialista.
La ofensiva política representa un nuevo capítulo en la disputa entre el gobierno de centroderecha y Morales, quien permanece refugiado en esa zona del departamento de Cochabamba para evitar una orden de captura emitida por la Justicia boliviana.
Rodrigo Paz busca reafirmar la autoridad del Estado
Durante un acto por el aniversario de la Policía boliviana, Rodrigo Paz afirmó que el Estado recuperará los territorios donde actualmente no ejerce un control efectivo.
“Vamos a recuperar cada territorio que hoy día no nos pertenece”, declaró el mandatario.
El presidente remarcó además que “aquí no hay dueños, ni de territorios, ni de sectores”, en una referencia directa al control político y sindical que Evo Morales mantiene en el Chapare desde hace más de tres décadas.

El anuncio llega después de que el gobierno lograra desactivar la mayor crisis política desde la llegada de Paz al poder en noviembre de 2025. Durante siete semanas, organizaciones indígenas, sindicatos y productores de coca realizaron cortes de rutas y manifestaciones exigiendo la renuncia presidencial en medio de una severa crisis económica.
El Chapare, el último refugio político de Evo Morales
El Chapare es mucho más que una región productora de coca. Se trata del territorio donde Evo Morales construyó su carrera política como dirigente sindical y desde donde consolidó la estructura que lo llevó a la presidencia de Bolivia.
Desde finales de 2024, el exmandatario permanece en la zona protegido por organizaciones cocaleras que rechazan la orden judicial emitida en su contra por una causa vinculada a presunta trata de menores.
Las autoridades bolivianas sostienen que la permanencia de Morales en el Chapare constituye un desafío abierto al Estado de derecho, ya que las fuerzas de seguridad no han podido ejecutar la orden de captura debido a la resistencia organizada de sus seguidores.
Evo Morales habla de una posible guerra civil
Lejos de moderar el tono, el zurdo Morales acusó al gobierno de generar deliberadamente un escenario de confrontación interna.
“Con toda esta política neoliberal y el estado colonial, están forzando que haya una guerra civil”, afirmó durante una entrevista concedida desde Lauca Ñ, una de las localidades emblemáticas del movimiento cocalero.

El líder socialista también advirtió que una eventual intervención estatal en el Chapare provocaría resistencia.
“Aquí va a haber problemas, estamos bien organizados”, aseguró.
Sin embargo, el exmandatario aparece cada vez más aislado políticamente. Tras el levantamiento de la mayoría de los bloqueos, el Chapare quedó como el único foco importante de resistencia al gobierno nacional.
El gobierno acusa a Morales de promover la desestabilización
La administración de Rodrigo Paz responsabilizó al ex presidente por haber impulsado las protestas que paralizaron el país y aseguró que parte de las movilizaciones fueron financiadas con recursos provenientes del narcotráfico.
Mientras tanto, el ministro del Interior confirmó que el Ejecutivo analiza un operativo para garantizar el ingreso de las fuerzas de seguridad al Chapare, aunque aclaró que se realizará “con tranquilidad y calma”.
La situación deja planteado uno de los principales desafíos del nuevo gobierno boliviano: transformar la victoria política obtenida tras el fracaso de los bloqueos en una recuperación efectiva del control estatal sobre una región que durante décadas funcionó como el corazón político de Evo Morales.
Por ahora, el presidente Rodrigo Paz logró contener la ofensiva impulsada por el exmandatario. Pero la verdadera prueba llegará cuando intente avanzar sobre el Chapare, el territorio donde todavía sobrevive el núcleo duro del poder político y sindical construido por Morales.
