Un grupo de científicos afirmó que la única forma de evitar un “colapso ambiental a gran escala” sería reducir significativamente la población mundial en los próximos siglos, aproximadamente hasta la mitad del número actual, en línea con los objetivos de la Agenda 2030.
Según plantean, el planeta no puede sostener el actual ritmo de crecimiento demográfico, que en el último siglo pasó de menos de 2.000 millones de personas a más de 8.300 millones.
En un artículo publicado en la revista Sustainable Development, los científicos afirman que el impacto humano sobre los recursos naturales alcanzó supuestamente niveles críticos. En ese contexto, proponen un objetivo concreto: reducir la población global a aproximadamente 4.000 millones de personas para el año 2200.
Una reducción progresiva
A diferencia de otras propuestas similares, aclaran que este proceso debería darse de forma progresiva y no mediante medidas abruptas.

“Facilitar el acceso a una población más pequeña y sostenible no privaría a miles de millones de personas de su vida, sino que garantizaría que, cuando lleguen, las condiciones serán buenas”, señalan en el estudio.
Según explican, la clave no estaría en la coerción, sino en ampliar el acceso a “servicios de planificación familiar“, especialmente en países de bajos ingresos, y políticas como el aborto.
El oscuro planteo se apoya en la premisa de que el impacto ambiental total es el resultado de la huella individual multiplicada por la cantidad de habitantes.
Dado que el consumo de recursos y la generación de residuos por persona no muestran señales de disminuir, los investigadores concluyen que el crecimiento poblacional agrava inevitablemente la presión sobre los ecosistemas.
Según sus polémicas proyecciones, la población podría alcanzar los 11.400 millones hacia 2100, con un escenario que supuestamente implicaría “casi el doble de las emisiones actuales de CO2, el consumo de energía y de pesticidas, y el cuádruple de residuos plásticos”.
Frente a este panorama, los investigadores sostienen que “poner fin y revertir gradualmente el crecimiento demográfico” es una estrategia clave para proteger tanto al “ambiente” como a la “humanidad“.

Los “beneficios”
Entre los posibles “beneficios”, mencionan la reducción de la presión sobre los recursos naturales, la disminución de la pobreza en regiones con alta natalidad y la mejora en la calidad de vida en zonas densamente pobladas.
El estudio destaca que el descenso de la fertilidad puede lograrse sin medidas coercitivas, impulsando el “empoderamiento” de las mujeres para que decidan voluntariamente tener menos hijos.
“Cuando las mujeres son libres de decidir cuántos hijos tener, las tasas de fertilidad tienden a caer hasta el nivel de reemplazo o incluso por debajo, a menudo rápidamente”, indican.
Como ejemplo, citan casos como Irán y Corea del Sur, donde la implementación de políticas redujo drásticamente la cantidad de hijos por mujer en pocos años.
Sin embargo, una reducción sostenida de la población impactaría negativamente en el crecimiento económico, debido al envejecimiento de la fuerza laboral. Según el Fondo Monetario Internacional, esta tendencia podría recortar significativamente el potencial de crecimiento global en las próximas décadas.
Aun así, los investigadores consideran que se trata de un costo necesario frente al riesgo ambiental. “La creciente riqueza y el consumo no son ecológicamente sostenibles, y cuanto antes nuestras sociedades afronten esta incómoda verdad, mejor”, concluyen
