El comunista Cepeda admitió la derrota ante Abelardo De La Espriella en las presidenciales

tupacbruch
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El comunista Cepeda admitió la derrota ante Abelardo De La Espriella en las presidenciales

En un giro que fractura definitivamente la cúpula del Pacto Histórico, el candidato derrotado Iván Cepeda admitió formalmente este miércoles su derrota en el balotaje presidencial. En una rueda de prensa que desautoriza las pretensiones dictatoriales de su jefe político, Cepeda declaró tajantemente: “He decidido aceptar el resultado que señala que Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente de la República de Colombia“. Esta capitulación ocurre tres días después de la elección, luego de que el escrutinio final confirmara la victoria inapelable de la libertad sobre el progresismo.

Este reconocimiento por parte de Cepeda contradice de manera pública y vergonzosa al narcopresidente Gustavo Petro, quien, en un estado descrito por sectores de prensa como drogado y delirando, ha intentado desconocer la voluntad popular.

Mientras Cepeda habla de responsabilidad democrática y participación ciudadana, Petro ha lanzado un confuso mensaje en redes sociales donde, además de compararse con un jaguar invisible, amenazó con “alzarse en armas” y llevarse a una parte del ejército para formar un supuesto grupo “libertador”.

El mandatario saliente ha exigido la anulación de las elecciones bajo la excusa de una supuesta injerencia extranjera de figuras como Donald Trump y Benjamin Netanyahu, a pesar de que la Registraduría confirmó que el escrutinio coincide en un 99,9% con el preconteo y la misión de la Unión Europea descartó cualquier tipo de “irregularidad”.

Cepeda y Petro
Cepeda y Petro

Los datos oficiales del preconteo son contundentes y no dejan lugar a las pataletas del sector zurdo:

Abelardo de la Espriella: 12.937.333 votos, lo que representa el 49,65 por ciento del electorado.

Iván Cepeda: 12.691.709 votos, equivalente al 48,71 por ciento.

Diferencia: Menos de 250.000 votos, consolidando a De la Espriella, un abogado millonario y defensor de la mano dura contra el crimen, como el nuevo líder de la nación.

A pesar de su rendición, Cepeda no pudo evitar destilar el resentimiento característico de su bando, prometiendo una “oposición democrática, vigilante y constructiva” y amenazando con una eventual “desobediencia civil pacífica” frente a lo que él llama un “sometimiento autoritario”. No obstante, el mensaje es claro: mientras Petro se hunde en su propio delirio de rebelión y clandestinidad, la institucionalidad de Colombia se prepara para el mandato de Abelardo de la Espriella, quien asume con el compromiso de restaurar el orden tras el desastroso paso del comunismo por el poder.

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