El régimen de Luiz Inácio Lula da Silva profundizó la tensión diplomática con la Argentina y resolvió que su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, no regrese al país. La representación brasileña quedará reducida al nivel de encargado de negocios, después de que Javier Milei ratificara sus críticas contra el dirigente comunista y recordara su historial reciente de corrupción.
La decisión fue comunicada al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, cuya continuidad dependerá ahora de la respuesta que defina la Casa Rosada. La medida no implica una ruptura formal de relaciones, pero sí reduce el rango político de la representación brasileña y constituye una nueva escalada impulsada por Lula.

Desde Brasilia atribuyeron la decisión a las declaraciones formuladas por Milei durante una entrevista con Luis Majul en LN+, donde volvió a calificar al brasileño de “ladrón”, “corrupto” y “presidiario”. Sin embargo, el Presidente argentino no presentó esas expresiones como simples insultos, sino que las vinculó directamente con los antecedentes judiciales comprobables del líder del Partido de los Trabajadores.
“Fue condenado. Estuvo preso, con lo cual es cierto lo de presidiario. Lo liberaron por una falla administrativa, no por ser inocente”, sostuvo Milei. Además, cuestionó el doble estándar aplicado frente a los ataques de dirigentes extranjeros: “Cuando me insultan a mí, está bien. Ahora, si yo contesto, está mal”.
Lula fue condenado en 2017 y 2019 por corrupción y lavado de dinero en causas relacionadas con la Operación Lava Jato. Permaneció encarcelado durante 580 días, entre abril de 2018 y noviembre de 2019.
En marzo de 2021, el juez del Supremo Tribunal Federal Edson Fachin anuló las condenas al considerar que el tribunal de Curitiba no tenía competencia territorial para juzgar los expedientes. La resolución, posteriormente ratificada por la Corte brasileña, no declaró inocente a Lula ni analizó el fondo de las acusaciones, sino que invalidó las sentencias por una cuestión jurisdiccional. Más tarde, otras decisiones judiciales afectaron la validez de las pruebas reunidas durante la investigación.
Bitelli había sido convocado de urgencia después de que Milei viajara a San Pablo para respaldar al derechista Flávio Bolsonaro y cuestionara tanto a Lula como al juez Alexandre de Moraes. Durante el fin de semana, declaraciones del canciller argentino Pablo Quirno habían abierto la posibilidad de una distensión, pero el gobierno brasileño finalmente optó por mantener al diplomático fuera de Buenos Aires.

La reacción de Lula busca presentar como una agresión diplomática lo que Milei defendió como una descripción de hechos públicos. Mientras Brasil exige “moderación” al Gobierno argentino, evita responder sobre el contenido de las críticas y concentra su ofensiva en las palabras utilizadas por el Presidente.
Ahora la Argentina deberá determinar si conserva a Raimondi en Brasilia o responde con una reducción equivalente de su representación. La crisis queda así atravesada por dos posiciones opuestas: Lula reclama silencio diplomático, mientras Milei sostiene que no dejará de señalar el pasado judicial y el avance autoritario de la izquierda brasileña.
