La mirada sobre el mediano plazo también ocupó un lugar relevante durante la entrevista. Aunque falta poco más de un año para las elecciones presidenciales de 2027, el mercado y buena parte del círculo rojo ya comenzaron a incorporar ese horizonte en sus análisis. Consultado sobre cómo se prepara el Banco Provincia para atravesar un eventual escenario de mayor volatilidad e incertidumbre política y financiera, Cuattromo destacó el fortalecimiento patrimonial realizado durante los últimos años y aseguró que la entidad trabaja permanentemente sobre distintos escenarios de riesgo para afrontar contextos adversos. A continuación, la entrevista con Ámbito.
Juan Cuattromo entrevista 6
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Periodista: Venimos de un año en el que la economía se estancó, el crédito se frenó, hubo una aceleración de la inflación durante diez meses consecutivos y los salarios formales quedaron rezagados. ¿Cómo analiza esta dinámica y qué es lo que más le preocupa?
Juan Cuattromo: Lo de 2025 no fue un shock político, sino la consecuencia de inconsistencias que venían de antes. Tras la devaluación inicial se configuró un esquema conocido en Argentina, basado en apreciación cambiaria, apertura económica y expansión del crédito, que terminó deteriorando el frente externo. Ese esquema alcanzó su límite en febrero de 2025 y derivó en el acuerdo con el FMI en marzo. Mucho antes del proceso electoral ya había economistas advirtiendo sobre esos desequilibrios.
Lo que me preocupa es que la salida de ese esquema parece apoyarse, por un lado, en una mayor acumulación de reservas, algo que puede ser positivo, pero por otro lado en un deterioro de las condiciones de vida de la población. Cuando uno mira empleo, salario real, ingresos, consumo o crédito al consumo, encuentra indicadores negativos y persistentes.
Siempre sostuvimos que la estabilidad macroeconómica es un instrumento para mejorar la vida de la gente. No puede ser un fin en sí mismo. Por eso me preocupa la consolidación de una economía dual: sectores que muestran crecimiento y dinamismo, pero sin capacidad de traducirlo en una mejora de las condiciones de vida para la mayor parte de la población.
Una economía dual
P.: ¿Por qué cree que esos sectores que muestran un fuerte dinamismo, como el agro, la minería y los hidrocarburos, no logran derramar sobre el resto de la economía?
J.C.: Hay sectores que atraviesan un proceso de crecimiento importante. El agro de gran escala está teniendo buenos rindes, la ganadería muestra dinamismo y algo similar ocurre con la minería y los hidrocarburos. En particular, el sector energético es probablemente lo más parecido a una política de Estado. La recuperación de Vaca Muerta comenzó hace más de una década y hoy estamos viendo los resultados de ese proceso. Son sectores con gran capacidad exportadora y fuerte generación de divisas, impulsados además por inversiones de gran magnitud. El problema es que no necesariamente generan empleo en la misma proporción ni tienen capacidad, por sí solos, de traccionar un entramado industrial y de servicios más amplio. Lo que estamos viendo es que esa fractura se profundiza: hay sectores claramente ganadores que aportan consistencia macroeconómica, mientras otros enfrentan dificultades crecientes. Por eso no comparto la idea de que lo que ocurre en el resto de la economía sea un problema microeconómico. Cuando aparecen problemas en el consumo, la morosidad, el comercio y distintos sectores productivos, estamos frente a un fenómeno macroeconómico.
P.: Si el problema es macroeconómico, ¿dónde identifica hoy las principales vulnerabilidades del modelo? El Gobierno sostiene que la estabilidad descansa sobre el equilibrio fiscal, la política monetaria y el esquema cambiario. ¿Cuál de esos pilares enfrenta las mayores tensiones?
J.C.: Cada uno merece un análisis particular. En materia fiscal empieza a aparecer algo habitual en los programas de ajuste: la fatiga que generan sobre la economía. La recaudación se resiente por la propia desaceleración de la actividad y eso termina presionando para profundizar recortes sobre niveles de gasto que, a mi entender, ya son socialmente muy bajos. Incluso el propio Ministro (Luis) Caputo reconoció recientemente que queda poco margen para seguir ajustando.
Puede haber momentos en los que un ajuste genere expectativas positivas y algún efecto expansivo, algo que quizás ocurrió al inicio del gobierno de (Javier) Milei. Pero, en términos generales, los programas de ajuste suelen enfrentar este problema. Además, aparecen desafíos vinculados al pago de intereses, instrumentos como las Lecap y la ausencia de una estrategia fiscal plurianual más explícita. En política monetaria ocurre algo parecido.
Más allá de las observaciones del FMI, este no es un programa monetarista tradicional. No existe un agregado monetario claramente definido ni parámetros públicos que permitan evaluar si la política monetaria se desvía o no de sus objetivos. Lo que uno interpreta es que el Banco Central trabaja sobre estimaciones de demanda de dinero que no son públicas. Y, mientras tanto, vemos un dato concreto: el crédito al sector privado dejó de crecer.
P.: Uno de los argumentos del Gobierno es que el frente externo hoy luce más sólido que en el pasado, con un ingreso importante de divisas por exportaciones, y financiamiento. ¿Le parece sostenible este esquema cambiario? ¿Qué lectura hace del nivel actual del dólar?
J.C.: El esquema cambiario forma parte de un conjunto de herramientas y no puede analizarse de manera aislada de la política fiscal, financiera y monetaria. Es cierto que hoy existe un ingreso importante de dólares asociado a sectores que vienen desarrollándose desde hace años. Pero también, una parte de la consistencia externa actual se explica por la debilidad de la demanda doméstica. Cuando uno observa las importaciones, encuentra una caída importante en bienes de capital, maquinaria, equipos e insumos. Además, aparecen señales de sustitución de producción local por bienes importados y dificultades crecientes para buena parte del entramado productivo.
Por eso digo que hay una dinámica que todavía no veo resuelta dentro del actual diseño macroeconómico. Además, el crédito no arranca y la política fiscal mantiene un sesgo contractivo. Así se puede lograr cierta consistencia externa, pero apoyada sobre un deterioro de las condiciones de vida.
El verdadero desafío es qué ocurriría si la economía empezara a crecer de manera más sostenida. Con este tipo de cambio y este nivel de apertura, ¿ese esquema seguiría siendo sostenible? Esa es una pregunta que todavía no tiene respuesta. La acumulación de reservas puede ser una buena noticia, pero también es importante analizar qué factores la explican. La política económica tiene que ser un medio para impulsar el desarrollo y mejorar las condiciones de vida. Y cuando uno conversa con gran parte de los sectores productivos, encuentra una situación compleja que se profundiza mes a mes.
Juan Cuattromo entrevista 4
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El rol de la banca pública
P.: La provincia de Buenos Aires concentra buena parte de los sectores que más sintieron los efectos de la desaceleración económica. ¿Cómo respondió el Banco Provincia a esa realidad?
J.C.: Desde el primer día definimos una estrategia clara junto al gobernador Axel Kicillof: ser un banco de desarrollo y una herramienta al servicio de la producción y de las familias bonaerenses. Para poder cumplir ese rol tuvimos que hacer un trabajo previo de fortalecimiento patrimonial, modernización tecnológica, ampliación de la red comercial y administración prudente de la liquidez. Eso nos permitió atravesar las tensiones de 2025 con solidez y cerrar el año con resultados positivos en un contexto muy desafiante para todo el sistema financiero.
Gracias a esa fortaleza pudimos actuar sin comprometer la salud financiera de la entidad. Desde septiembre y octubre del año pasado profundizamos dos líneas de trabajo: ampliar las herramientas de financiamiento para el sector productivo y desplegar una estrategia activa de refinanciación y reestructuración de deudas para empresas.
Los resultados fueron concretos. Desde entonces crecimos más de un punto de participación en el mercado de crédito al sector privado y más de tres puntos en empresas. Mientras gran parte del sistema financiero reducía su exposición, nosotros sostuvimos e incluso ampliamos nuestra presencia, que es justamente el rol que entendemos debe cumplir un banco público.
La mora y el crédito
P.: Los últimos datos mostraron que el crédito en pesos al sector privado sigue sin recuperar dinamismo (mayo) y que la mora continuó creciendo (abril). ¿Qué diagnóstico están observando desde el Banco Provincia?
J.C.: Lo primero que diría es que el problema de la mora es un problema macroeconómico. Siempre puede haber personas o empresas que tengan dificultades para pagar, pero cuando el fenómeno se vuelve generalizado y atraviesa a todo el sistema, estamos frente a una cuestión macroeconómica. Nosotros empezamos a detectarlo a fines del año pasado y por eso actuamos temprano. Durante los primeros cinco meses de este año realizamos seis veces más refinanciaciones que en igual período del año anterior.
Ahora bien, las condiciones que dieron origen al aumento de la mora siguen presentes. Por eso el crédito no logra recuperarse. Cuando aumenta la morosidad, los bancos reevaluamos riesgos y naturalmente se restringe el financiamiento hacia los segmentos más vulnerables.
El crédito debería servir para financiar crecimiento, inversión y desarrollo. Cuando empieza a utilizarse para reemplazar ingresos, inevitablemente aparecen problemas de mora. Y eso es parte de lo que estamos viendo hoy.
P.: ¿Ve alguna señal de mejora respecto de la mora en mayo-junio, o todavía es prematuro hablar de un cambio de tendencia?
J.C.: Los indicadores siguen en niveles elevados. Puede ocurrir que en algunos meses empiecen a mostrar cierta estabilización o incluso una baja, pero hay que interpretar correctamente esos movimientos.
Muchas veces la mora mejora al mismo tiempo que cae la generación de nuevos créditos. Cuando deja de crecer el stock de préstamos, el indicador tiende a estabilizarse. Después aparecen refinanciaciones, regularizaciones y distintos procesos de saneamiento que también ayudan a mejorar las estadísticas.
Pero eso no significa necesariamente que el problema estructural esté resuelto. Si uno observa la evolución reciente del crédito al sector privado, sigue mostrando debilidad. Por eso, una mejora de algunos indicadores financieros no necesariamente implica una recuperación económica de fondo.
P.: Se habla desde hace meses que el Gobierno analiza alternativas para ampliar el acceso al crédito en dólares más allá de los sectores exportadores. ¿cree que hay margen para avanzar en esa dirección o que implicaría asumir riesgos innecesarios?
J.C.: Primero habría que conocer los detalles de cualquier propuesta. Pero, en términos generales, creo que una de las mejores herencias regulatorias que dejó la crisis de 2001 fue la prudencia en materia de crédito en moneda extranjera. Argentina atravesó numerosos episodios de tensión cambiaria desde entonces sin que eso derivara en una crisis bancaria. Y eso tiene mucho que ver con el marco regulatorio que se construyó.
El crédito tiene enormes virtudes, pero también sabemos que las crisis bancarias son de los episodios más destructivos para cualquier economía. Por eso no sería proclive a una desregulación amplia del crédito en dólares. La experiencia internacional muestra que los riesgos no siempre son correctamente evaluados por los actores privados.
Creo que el marco actual aporta estabilidad. El sistema financiero argentino sigue siendo pequeño, pero no considero que eso se explique por un exceso de regulación. El principal problema sigue siendo el riesgo macroeconómico. Y el riesgo no desaparece porque una norma lo ignore; simplemente cambia de forma.
P.: Mientras buena parte del sistema financiero reduce sucursales y empleo apoyado en el crecimiento de la digitalización, el Banco Provincia parece seguir una estrategia diferente. ¿Por qué decidieron apostar por una mayor presencia territorial?
J.C.: Nosotros no creemos que la transformación tecnológica implique reemplazar personas o retirarse del territorio. La tecnología tiene que servir para mejorar el trabajo y complementar la atención presencial, no para eliminarla. La inclusión financiera no se logra únicamente con una aplicación. Cuando aparecen problemas, situaciones de mora, estafas o necesidades de asesoramiento, la presencia física sigue siendo fundamental. Por eso nuestra estrategia apunta a fortalecer la red de atención y no a reducirla.
Cuando llegamos encontramos infraestructura muy deteriorada y una red que necesitaba modernizarse. A partir de ahí pusimos en marcha un plan de obras que ya lleva ejecutadas más de 220 intervenciones y que constituye el programa de infraestructura más importante de la historia reciente del banco.
Pero el objetivo no es simplemente remodelar sucursales. Buscamos construir espacios que permitan brindar asesoramiento financiero, servicios de inversión y acompañamiento comercial. Creemos que un banco público puede cumplir un rol mucho más amplio que el de cobrar y pagar.
Juan Cuattromo entrevista 2
Equipo de Fotos de Banco Provincia
Inteligencia artificial, y el vínculo con las fintech
P.: Como ocurre en muchas industrias, la inteligencia artificial está redefiniendo el negocio financiero en todo el mundo. ¿Cómo está pensando el Banco Provincia esa transformación y qué cambios ya comenzó a implementar?
J.C.: La inteligencia artificial ocupa un lugar central dentro de nuestra estrategia. Es una tecnología lo suficientemente disruptiva como para atravesar prácticamente todos los procesos de una organización como la nuestra. La inteligencia artificial puede mejorar el análisis, agilizar procesos y brindar más herramientas a los equipos, pero las decisiones continúan estando en manos de las personas.
Ya utilizamos herramientas de inteligencia artificial en distintos canales de atención y estamos avanzando hacia soluciones más sofisticadas, tanto para clientes como para trabajadores. El objetivo es mejorar la experiencia de atención, ofrecer respuestas más rápidas y facilitar el acceso a información y recomendaciones en tiempo real.
Además, trabajamos con Microsoft y otros socios tecnológicos porque entendemos que esto requiere una estrategia integral de datos, infraestructura y capacitación. Lo importante es que toda esa transformación esté alineada con los objetivos del banco y con una mejor atención para nuestros clientes.
P.: La billetera digital Cuenta DNI transformó el posicionamiento del Banco Provincia y multiplicó su alcance entre los usuarios. ¿Fue el mayor hito de su gestión o cree que hubo transformaciones más profundas más allá de este logro?
J.C.: Sin dudas Cuenta DNI tuvo un impacto enorme. Transformó el posicionamiento del banco, nos permitió llegar a nuevos segmentos y ampliar significativamente nuestra base de clientes, que pasó de poco más de 4 millones a cerca de 10 millones de personas.
Ahora bien, si tuviera que señalar el principal logro de estos años, diría que fue haber puesto en valor el rol de la banca pública. Cuenta DNI es una parte muy importante de ese proceso, probablemente la más visible, pero también demostramos que un banco público puede liderar en innovación, mantener solidez financiera y acompañar a familias, comercios y empresas de manera sostenida.
P.: En ese contexto, ¿cómo analiza la competencia entre bancos y fintech? ¿La ve como una amenaza, una oportunidad o una relación de complementariedad?
J.C.: Respecto de las fintech, no tengo ningún problema con la competencia. La aparición de nuevos actores puede impulsar la innovación, mejorar procesos y generar mejores servicios para los usuarios. Eso es positivo para todo el sistema.
Mi preocupación aparece cuando la competencia se desarrolla bajo marcos regulatorios diferentes. Los bancos están sujetos a exigencias muy estrictas en materia de supervisión, depósitos y estabilidad financiera. Si distintos actores ofrecen servicios similares, es importante que compitan bajo reglas equivalentes. Por eso, cuando se discuten temas como el pago de salarios o la administración de depósitos, hay que pensar no sólo en los escenarios favorables, sino también en los riesgos. El regulador tiene la responsabilidad de proteger la estabilidad del sistema financiero y resguardar especialmente los escenarios adversos.
Dicho esto, también creo en la complementariedad. Nosotros mismos impulsamos una profunda transformación tecnológica dentro del Grupo Provincia. La innovación financiera aporta valor, pero debe desarrollarse preservando la estabilidad del sistema y bajo reglas claras para todos los participantes.
La mirada sobre el 2027
P.: Aunque todavía falta más de un año para las elecciones presidenciales, el mercado ya empezó a incorporar 2027 en sus análisis. ¿Cómo se prepara el Banco Provincia para atravesar un escenario que podría traer mayor volatilidad e incertidumbre?
J.C.: Un banco siempre tiene que trabajar sobre escenarios. No puede administrar pensando únicamente en el mejor resultado posible. Tiene que evaluar riesgos y prepararse para distintas alternativas. Hoy tenemos una situación patrimonial, financiera y de solvencia muy sólida, además de equipos que trabajan permanentemente sobre simulaciones y escenarios de estrés. Esa es la forma correcta de prepararse.
También hay una cuestión de experiencia. En estos años atravesamos una pandemia, una sequía, conflictos internacionales, cambios de régimen económico y distintos procesos electorales. Y en todos esos contextos el banco pudo sostener su rol sin comprometer el patrimonio público. Por eso creemos que prepararse para escenarios adversos forma parte de la responsabilidad de cualquier administrador financiero. Nosotros lo hacemos todos los días, bajo criterios prudenciales de gestión del riesgo.
El futuro del sistema financiero
P.: Entre la inteligencia artificial, los cambios tecnológicos y las transformaciones que atraviesa la economía global, ¿cómo imagina el futuro del sistema financiero argentino?
J.C.: Es una pregunta que trasciende al propio sistema financiero, porque en realidad obliga a pensar hacia dónde va la economía en su conjunto. El gran desafío es cómo generar empleo de calidad y mejores condiciones de vida en un contexto de transformación tecnológica cada vez más acelerada. Veo que muchos países están respondiendo a ese desafío con estrategias nacionales de desarrollo, protegiendo capacidades productivas y tecnológicas. Por eso creo que Argentina muchas veces discute cuestiones fuera de tiempo histórico.
En ese sentido, me preocupa cierta visión que celebra la posibilidad de producir cada vez más con menos personas. Hace poco el Papa planteó algo similar en una de sus encíclicas: la tecnología debe estar al servicio del desarrollo humano y no al revés. Creo que esa discusión también atraviesa a la inteligencia artificial. El centro tienen que seguir siendo las personas, las comunidades y la generación de oportunidades.
Respecto del sistema financiero, el principal desafío sigue siendo el mismo: tenemos un mercado de crédito pequeño y un mercado de capitales poco profundo como consecuencia de problemas estructurales de la economía argentina. Mientras no resolvamos la inestabilidad macroeconómica y otras restricciones de fondo, el sistema financiero por sí solo no puede revertir esa situación. Lo que sí veo es un enorme potencial de crecimiento. Hoy existen avances muy importantes en digitalización, medios de pago y capacidad de originar crédito. Las herramientas están. Lo que hace falta es una estrategia de desarrollo que permita aprovecharlas.
