Antes de la final del Mundial 2026 entre Argentina y España, la designación del árbitro esloveno Slavko Vinčić ya había despertado cuestionamientos. Sin embargo, además de las críticas por la elección del juez esloveno, la decisión dejó al descubierto el escaso peso político que tuvieron tanto la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) del corrupto Claudio “Chiqui” Tapia como la CONMEBOL presidida por Alejandro Domínguez en una de las determinaciones más sensibles del torneo.
La elección del esloveno fue interpretada por distintos sectores como una muestra de la limitada capacidad de influencia que hoy tiene Sudamérica frente al poder que conserva la UEFA dentro de la FIFA. Pese a que la Argentina era uno de los finalistas, ni Tapia ni Domínguez consiguieron evitar la elección de un juez del mismo continente que el otro equipo que definía el título, España, que ya despertaba cuestionamientos desde la previa.
En ese sentido, uno de los principales motivos de la controversia fue que Vinčić es compatriota de Aleksander Čeferin, presidente de la UEFA. Si bien no existe evidencia de una relación personal entre ambos, sí mantienen un estrecho vínculo institucional: Čeferin conduce el fútbol europeo y Vinčić es el árbitro internacional más importante de Eslovenia y una de las principales figuras del arbitraje de ese continente.

La polémica creció cuando se confirmó que la terna arbitral también estaría integrada por los asistentes eslovenos Tomaž Klančnik y Andraž Kovačič, dejando la final completamente en manos de árbitros del mismo país que el presidente de la UEFA. Además, el VAR quedó a cargo del alemán Bastian Dankert y el AVAR fue el colombiano Nicolás Gallo, representante del país que había perdido ante la Argentina la última final de la Copa América. Para muchos dirigentes y analistas, esta conformación dejó en evidencia el fracaso de las gestiones de Tapia y Domínguez para defender los intereses de una federación finalista en la máxima cita del fútbol.
El contexto político también alimentó las especulaciones. La designación se produjo en medio de las diferencias que desde hace años mantienen la UEFA y la FIFA de Gianni Infantino, con las elecciones del organismo previstas para principios de 2027. En ese escenario, algunos sectores interpretaron la elección de un árbitro compatriota de Čeferin como un gesto hacia el bloque europeo.
Más allá de que no existen pruebas de irregularidades en la actuación de Vinčić, la decisión volvió a instalar el debate sobre el reparto de poder en el fútbol mundial. La final terminó reflejando que, mientras Europa continúa imponiendo su influencia en las designaciones más relevantes, la AFA y la CONMEBOL quedaron sin capacidad para incidir en una resolución que involucraba directamente a la selección argentina.
