SpaceX y Nvidia se asocian para construir supercomputadoras en órbita

tupacbruch
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SpaceX y Nvidia se asocian para construir supercomputadoras en órbita

SpaceX, la compañía que conduce el magnate sudafricano-estadounidense Elon Musk, avanza con un plan de expansión de largo plazo pensado para quedarse con buena parte del tráfico de Internet del planeta a través de su nueva generación de satélites, la serie Starlink V3, diseñada para funcionar en órbitas todavía más bajas, conocidas como VLEO. Este salto tecnológico apunta a multiplicar las velocidades de bajada actuales hasta llegar a conexiones de gigabit en cualquier punto del mundo, y también a levantar la primera red de cómputo espacial a gran escala.

Mediante presentaciones regulatorias ante la Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados Unidos (FCC), SpaceX pidió autorización para desplegar una constelación de hasta 100.000 satélites de tercera generación, denominada Gen3 NGSO. Esta red orbital, de un tamaño nunca antes visto, tiene como fin quedarse con la porción más grande posible del mercado digital global.

En paralelo, la compañía asoció sus operaciones terrestres y aeroespaciales a Nvidia, con inversiones millonarias destinadas a construir infraestructura de cómputo para el entrenamiento y la inferencia de modelos de inteligencia artificial a escala de gigavatios. Este giro lleva a Starlink de ser una herramienta de conectividad para zonas rurales a convertirse en la base física dominante del procesamiento de datos a nivel mundial.

¿Cómo pretende SpaceX quedarse con la mayor parte del tráfico de Internet?

La estrategia de SpaceX para captar el tráfico troncal de Internet se apoya en dos pilares, bajar drásticamente la latencia y multiplicar el ancho de banda disponible por cada metro cuadrado de órbita. Al ubicar la constelación Gen3 en órbitas extremadamente bajas, entre los 320 y los 480 kilómetros de altitud, la compañía saca provecho de cómo se propagan las ondas electromagnéticas en el vacío, algo que ningún medio terrestre puede igualar.

El tráfico de datos circula puertas adentro del espacio a través de una red óptica de alta velocidad. Cada satélite Starlink V3 lleva seis terminales de comunicación láser, cada uno con una capacidad de 400 gigabits por segundo. Esta malla láser entre satélites permite enrutar de forma autónoma petabits de información por el vacío, sin depender de las estaciones terrestres de enlace, llamadas gateways, ni de sus limitaciones físicas y regulatorias.

Musk y la presidenta de SpaceX, Gwynne Shotwell, explicaron el 4 de agosto en la primera presentación de resultados de la compañía como empresa cotizada en bolsa que el objetivo de fondo es quedarse con la mayor parte del tráfico de Internet mundial en los mercados donde puedan operar.

El desembarco de esta nueva generación de satélites permitirá multiplicar por cien la capacidad total de ancho de banda de la red. Según Musk, no es descabellado pensar que Starlink termine canalizando la mayor parte de Internet a nivel global, al menos en los países donde se les permita funcionar.

El golpe para los proveedores de Internet por cable tradicionales sería fuerte. De acuerdo con estimaciones del banco francés BNP Paribas, una constelación de tercera generación totalmente desplegada, con el respaldo del cohete Starship, podría sostener a más de 200 millones de suscriptores en todo el mundo, entre ellos entre 15 y 20 millones dentro de Estados Unidos.

El informe del banco remarca que los proveedores de cable terrestre quedan muy expuestos frente a este avance, sobre todo en zonas suburbanas y rurales donde las tarifas son altas y el nivel de satisfacción de los usuarios viene siendo bajo desde hace tiempo.

¿Qué diferencias técnicas hay entre los satélites V2 y los nuevos V3?

La migración desde la arquitectura V2, con su variante para el cohete Falcon 9 conocida como V2 Mini, hacia la serie V3 implica un rediseño de ingeniería de una escala enorme. A nivel de microelectrónica de radiofrecuencia y generación eléctrica, la diferencia entre una versión y otra es notable.

Un satélite V2 Mini tiene una capacidad de bajada de datos de unos 80 gigabits por segundo, con un módem de rendimiento convencional. Cada unidad Starlink V3, en cambio, está pensada para entregar un ancho de banda de bajada de 1.000 gigabits por segundo, es decir, 1 terabit por segundo.

La capacidad de subida crece más de 20 veces, de los 7 Gbps del V2 Mini a un rango de entre 160 y 200 Gbps en la serie V3. El enlace de transporte entre tierra y espacio, conocido como backhaul, llega a 1,2 terabits por segundo gracias a una radiofrecuencia de banda cuádruple, ocho veces más que en la generación anterior.

Ese salto de rendimiento se explica por la sofisticación de las antenas de matriz de fase activa, conocidas como phased array. Los ingenieros de la compañía cambiaron el esquema anterior, de 192 haces de bajada y 144 de subida, por una estructura capaz de manejar en simultáneo hasta 2.048 haces independientes, tanto para transmitir como para recibir.

Esa cantidad de haces se controla con circuitos integrados de aplicación específica (ASIC) desarrollados puertas adentro de la compañía, que calculan el desfase de fase en nanosegundos. Esto permite apuntar electrónicamente cada haz hacia terminales terrestres puntuales y ajustar la potencia en tiempo real para compensar la lluvia o la congestión de tráfico en una zona.

La decisión de operar en altitudes tan bajas, de entre 320 y 350 kilómetros, tiene una razón física: reducir la pérdida de señal en el espacio libre. Al bajar la altitud desde los cerca de 550 kilómetros donde operan los V2 Mini hasta los 320 o 350 kilómetros de la flota V3, la distancia d se reduce de forma considerable.

Eso achica la pérdida geométrica de la señal y mejora el balance del enlace, lo que permite usar esquemas de modulación de amplitud en cuadratura de órdenes mucho más altos para entregar velocidades de gigabit directo a los usuarios. Además, se acorta el tiempo de ida y vuelta de la señal, lo que lleva la latencia del sistema por debajo de los 20 milisegundos, un número que le permite competir de igual a igual con la fibra óptica terrestre.

Para poder mover semejante volumen de datos, SpaceX pidió licencias de espectro para trabajar en las bandas experimentales W y D, entre los 92 y los 275 GHz. Estas frecuencias se suman a las bandas Ku, Ka, V y E que ya tenía autorizadas, lo que amplía en un 430% el ancho de banda disponible para los enlaces entre la Tierra y el espacio respecto de la tecnología anterior.

El peso de las naves también aumenta mucho. Un V2 Mini pesa unos 575 kilogramos al momento del lanzamiento, mientras que un satélite V3 se ubica entre 2.000 y 2.500 kilogramos por unidad. Ese aumento de masa y volumen deja al Falcon 9 afuera de la ecuación para un despliegue a gran escala. El cohete Starship, con su fuselaje grande y un sistema de dispensador tipo Pez pensado específicamente para satélites grandes, queda como el único vector de lanzamiento viable en términos económicos.

El consumo de energía de estas naves también se duplica. SpaceX desarrolló células solares flexibles de película delgada, fabricadas en rollos continuos mediante manufactura automatizada. El panel solar de los satélites V3 está formado por cuatro segmentos cosidos de 19 metros de largo cada uno, que en conjunto duplican la capacidad de generación eléctrica de las flotas anteriores y cubren una superficie de entre 300 y 400 metros cuadrados por satélite.

¿Qué rol cumplen la inteligencia artificial y Nvidia en los planes de SpaceX?

La reconfiguración corporativa de fondo en SpaceX apunta a convertirla en un jugador central de la infraestructura de inteligencia artificial. Después de comprar el asistente de código Anysphere (Cursor) en una operación valuada en 60.000 millones de dólares y de salir a bolsa con una oferta pública inicial de acciones en junio de 2026, la compañía llegó a una valuación bursátil de 1,75 billones de dólares.

Ese nivel de capitalización le permitió sostener un ritmo de gasto de capital, o Capex, muy alto. La compañía reportó egresos por 18.370 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026, de los cuales 15.830 millones de dólares se destinaron puntualmente a comprar y acondicionar infraestructura informática para inteligencia artificial.

Musk comprometió a SpaceX a construir toda su capacidad de cómputo futura sobre la arquitectura de chips Vera Rubin de Nvidia. La compañía cerró la primera mitad de 2026 con 1,4 gigavatios (GW) de potencia de procesamiento instalada y proyecta superar los 2 GW antes de fin de año. El plan de expansión fija como meta 10 GW de capacidad de supercomputación terrestre instalada para fines de 2027, con una infraestructura eléctrica y de refrigeración pensada para llegar hasta 20 GW.

El propio Musk reconoció que, si se consideran posibles demoras en las obras de infraestructura eléctrica, un escenario más realista los deja cerca de los 15 GW en funcionamiento para fines del año que viene.

Todo este despliegue de infraestructura terrestre se financia con un modelo de arrendamiento de hardware, al que en la compañía llaman “Compute Landlord“. SpaceX usa la alta disponibilidad de su infraestructura para ofrecer contratos de alquiler de potencia de procesamiento de GPU a precios que garantizan un retorno de la inversión en menos de doce meses.

Entre los clientes corporativos más importantes aparecen estos acuerdos. Anthropic paga una tarifa recurrente de unos 1.250 millones de dólares por mes para correr cargas de entrenamiento de modelos de lenguaje avanzados en la infraestructura Colossus 1, en Memphis, que cuenta con más de 220.000 procesadores gráficos de Nvidia interconectados y demanda un consumo eléctrico sostenido de más de 300 megavatios.

Google tiene un contrato de arrendamiento por 920 millones de dólares mensuales para asegurarse el procesamiento prioritario de cargas de inferencia en unos 110.000 procesadores dedicados dentro de la infraestructura de SpaceX. xAI, por su parte, usa clústeres masivos interconectados con las bases de datos de SpaceX para desarrollar y optimizar su motor de inteligencia artificial Grok 5, pensado para integrar todo el historial técnico, de ingeniería aeroespacial y de telemetría orbital de la compañía.

Estos negocios, sumados al desempeño de la red Starlink, que ya suma más de 12 millones de suscriptores activos en el mundo, dejan a SpaceX en camino de llegar a los 100.000 millones de dólares de ingresos recurrentes anualizados (ARR) para fines de diciembre de este año.

¿Qué trabas físicas y regulatorias enfrenta el lanzamiento de 100.000 satélites?

Cumplir con el objetivo de operar decenas de miles de satélites activos en órbitas bajas genera resistencia técnica y desafíos científicos que ponen un límite al ritmo de despliegue. El roce atmosférico por debajo de los 400 kilómetros de altitud expone a las naves a la fricción con las moléculas de gas que quedan en la termosfera terrestre. Ese roce obliga a un esfuerzo constante de propulsión para que los satélites no se desintegren antes de tiempo en la órbita.

En los momentos de mayor actividad solar, como las tormentas geomagnéticas que calientan y expanden la termosfera, la densidad del aire en las órbitas muy bajas puede multiplicarse en pocas horas. Eso genera niveles de roce mecánico para los que un satélite convencional no está preparado. Este fenómeno causó la pérdida de 38 satélites Starlink de baja altitud en febrero de 2022.

Con hasta 400 metros cuadrados de superficie expuesta al roce por cada satélite V3, el consumo de argón de los propulsores de efecto Hall, encargados de mantener la altitud, va a ser un factor que limite la vida útil de estos vehículos en el espacio.

El tamaño y la superficie reflectiva de los nuevos satélites también complican el trabajo de la astronomía óptica de alta precisión. Los paneles solares de gran tamaño funcionan como espejos enormes que reflejan la luz del sol hacia la Tierra durante el amanecer y el atardecer astronómico, y generan rastros de luz que saturan los sensores de los observatorios terrestres, algo que dificulta la detección de objetos poco brillantes en el espacio profundo o de asteroides que pasan cerca de la Tierra.

Los radioastrónomos, por su parte, deben lidiar con emisiones electromagnéticas espurias y lóbulos de potencia lateral que generan los enlaces de radio de alta velocidad en funcionamiento constante, algo que amenaza con tapar frecuencias científicas clave, como las que capta el radiotelescopio LOFAR entre los 110 y los 188 MHz.

A nivel institucional, SpaceX todavía tiene que pasar por un proceso de revisión regulatoria detallado antes de conseguir el visto bueno para desplegar toda su red Gen3. La FCC de Estados Unidos históricamente aprobó este tipo de pedidos de a partes y con cautela.

En diciembre de 2022, por ejemplo, el organismo dio luz verde solo a un primer lote de 7.500 satélites de la serie Gen2 y dejó el resto del pedido original, de 30.000 naves, para más adelante, a la espera de evaluaciones técnicas sobre la prevención de choques en el espacio, el manejo de la basura espacial y la coordinación de interferencias con otros operadores satelitales.

¿Cómo son por dentro los centros de datos espaciales Starmind y la planta Terafab?

Para esquivar las limitaciones que tiene la Tierra en materia de energía eléctrica, espacio físico y agua para refrigeración, SpaceX arrancó con el desarrollo del proyecto Starmind, una constelación que contempla el lanzamiento de hasta un millón de satélites dedicados de forma exclusiva a la computación en el espacio.

La pieza básica de este sistema es el satélite de procesamiento de datos AI1. Este vehículo reutiliza la estructura, el suministro de energía y los enlaces láser ópticos de la serie Starlink V3, pero deja de lado las antenas de radiofrecuencia de matriz de fase que se usan para comunicarse con la Tierra. Todo el espacio de carga útil se destina a alojar bastidores de procesamiento de alta densidad.

El satélite AI1 tiene estos parámetros de diseño físico y térmico:

  • Estructura. Mide 30 metros de altura útil desplegada y sus paneles solares articulados alcanzan una envergadura total de 75 metros, más grande que el fuselaje de un Boeing 747-8, pensado para maximizar la superficie de captación de energía.
  • Energía. El panel solar integrado genera de forma sostenida 150 kW de potencia en órbita síncrona al Sol (SSO), que alimentan un consumo de cómputo promedio de 160 kW, con picos de demanda de hasta 250 kW asistidos por baterías.
  • Hardware. El sistema está pensado para alojar un rack Nvidia Rubin NVL72, que junta de forma compacta 72 GPU Rubin y CPU de arquitectura Vera interconectadas a alta densidad.
  • Refrigeración. Cuenta con un sistema de refrigeración por radiación líquida, con un circuito de 110 metros cuadrados de superficie útil. Con fluidos de alta conductividad térmica y radiadores de doble cara orientados en posición filo de cuchillo respecto del Sol, este sistema disipa el calor residual directo al vacío a una tasa de 1.400 W/m².

Como parte de la filosofía de ingeniería simplificada de SpaceX, Musk confirmó que la arquitectura interna de la unidad de procesamiento Starmind V1 también se va a usar de forma comercial en instalaciones terrestres. Al sacarle los sistemas pensados para funcionar en el vacío, como las células solares de película delgada y los paneles radiadores de fluido líquido, el núcleo de cómputo compacto de la unidad puede instalarse directo en bastidores estándar de centros de datos convencionales en la Tierra.

Esta reducción extrema del tamaño de la fuente de alimentación, el cableado de alta densidad y los canales de comunicación local se traduce en una mejora muy fuerte de la densidad de cómputo por unidad de volumen en tierra.

Para alimentar al mismo tiempo la flota espacial Starmind, los sistemas de cómputo terrestre de SpaceX y la electrónica de conducción autónoma de Tesla, avanza en paralelo el proyecto Terafab. En marzo de 2026, Musk anunció la creación de Terafab, una empresa conjunta entre Tesla, SpaceX e Intel. El plan contempla construir una fundición de semiconductores integrada de forma vertical en el condado de Grimes, Texas, que va a reunir en una sola planta de 100 millones de pies cuadrados todas las etapas de la fabricación de chips.

La primera etapa del complejo industrial califica dentro de la Ley de Empleo, Energía, Tecnología e Innovación (JETI) del estado de Texas y recibió un subsidio directo de 30 millones de dólares del Fondo de Empresas de Texas (TEF). Esta primera fase va a necesitar una inversión directa de 16.800 millones de dólares entre SpaceX y Tesla, con un costo de capital total proyectado de hasta 119.000 millones de dólares para terminar la expansión completa.

La planta va a usar como prioridad el proceso 14A de Intel, un nodo avanzado de 1,4 nanómetros, y va a contar con equipos de litografía ultravioleta extrema de alta apertura numérica (High-NA EUV) provistos por el fabricante neerlandés ASML. Para acelerar el rendimiento, los ingenieros están evaluando de forma experimental el uso de fuentes de luz basadas en aceleradores lineales de electrones libres (FEL-EUV), una tecnología que multiplicaría la velocidad de procesamiento de obleas.

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